Condón roto

que_pase_el_proximo_segundo_encuentro

 

 

 

Nuestro segundo encuentro fue sin duda mejor que el primero.

Creo que es una norma, casi una ley universal. Pero bueno, no soy quien para sentenciar esto. Entre besos y caricias sentía su miembro en mi interior de un modo glorioso. Sus embestidas eran eran profundas y repentinas. Su cuerpo robusto me acobija, sus manos sujetan las mías y su boca se pasea por mis hombros, mi cuello, mi boca. Siento su latir a ritmo con el mío, su cuerpo moviéndose al compás que su miembro se adentra en mí llegando casi a tocar mi estómago (y no estoy exagerando esta vez). Y ahí, cuando todo fluye, el ritmo cardíaco, el corporal, los cuerpos dialogan, y sabes que entre ambos hay una armonía, una comunicación, una vibración mutua. Ese momento en que tu cuerpo y el suyo están a punto de explotar…

Explota otra cosa.

Y entre ambos solo queda un condón roto.

Nooooooooo. ¡Llevo dos meses sin tomar la pastillaaaaa! Y a este tío no lo iba a volver a ver más *fuck* qué hago aquí. ¿Qué hago aquíiii? Lo que falta es tener un hijo de un hombre que -en no sé cuántos días- se va de país. Jajaja, la segunda vez que lo ves ¿y vas a tener hijos suyos? ¿Pero qué es esto? ¿En plan mi mente jugando conmigo? Como si esto fuera algo divertido…

Sobre mi se alza un cuerpo casi perfecto: esbelto, robusto y blanco. Sediento y sudado me mira con esos penetrantes ojos azules. Ay no, qué niños más guapos serían. *Plaf!* ¡Pero por favoooor!… enfócate que no es para pensar tonteras. Imagínate que de verdad tras ese condón roto dentro de tu cuerpo estén sus pequeños enanos poderosos haciendo de las suyas. ¡Nooooooo! me muero. No pienses en eso, no pienses en eso, no pienses en eso. Piensa en positivo, piensa en positivo, positivo, + , +, + , + , + ,…¿y qué tengo que pensar positivo? ¡Ay qué guapo es! Mírale los ojos, Dioooos este hombre me mata. ¡No! ¡No! ¡NO! ¡NOOOO! No, esta clase de pensamientos positivos. Esto no ayuda. Ay es un Adonis. Noooo. No necesito un hijo, ni un padre para mi hijo. Mucho menos de alguien que se va del país y que seguro no volveré a ver más nunca en la vida. ¡Jooooder! No, lo que sea, este hombre es un Dios en la cama. No puedo pensar en nada. Nada. Ni más ni menos positivo.

En medio de aquel desajuste, mi cuerpo aún vibra. Con una calma impasible el Adonis aquel -ese maravilloso desconocido- se incorpora a todo pesar para retirar al -quizás culpable- de nuestros futuros. Lo aparta a un lado de la cama y toma otro de inmediato. Se enfunda, y como si yo no hubiese sido víctima de un segundo de shock -probablemente el más largo de mi vida, y espero que el último-, en menos de lo que me toma evaluar si quiero seguir este encuentro lo tengo nuevamente dentro de mi. Me embiste primero lentamente y de a poco se acelera su ritmo, su respiración, la mía, y entre vaivenes nuestros cuerpos son uno.  Olvido el condón roto, el impase y me diluyo en este encuentro que me mueve las vísceras, me acelera el corazón y me hace temblar las piernas. Nos compartimos ambos, el uno dentro del otro.

Días más tarde miro el calendario y no hay señales de nada. Tengo unos días de retraso. Prefiero no pensar en ello porque este hombre se va de mi vida mañana y lo único que quedará será el recuerdo de este condón roto. ¿Y yo qué hago? Como no me venga a mi la regla ¡me va a dar algo! Al día siguiente de su partida recibo la mejor y la peor noticia que pude haber recibido: el período me ha venido pero él se ha marchado.

 

 

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Nuestro primer encuentro no fue normal, por eso lo llamé: polvo misterio

Un comentario en “Condón roto

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