Despedida

Foto: Robin Röcker (Unsplash)
Foto: Robin Röcker (Unsplash)

 

 

 

En aquel tren, y por cierto, mi primer viaje en Metro Cercanías, que nos conducía al aeropuerto para que tomara su vuelo a China, su cabeza reposaba sobre mi hombro y la mía en el suyo. Nuestras miradas sobre el infinito y nuestras mentes seguramente merodeando en torno al tema despedida, asomó:

“¿Me vas a escribir?”

“No lo sé ¿tú a mi?”

“No tengo tu correo… Tu sí, acabo de apuntarlo en tu móvil. También mi Skype“, dijo con una leve sonrisa.

“Quizás”. Había evitado este momento. No quería repetir tener que hablar de lejos con alguien, comenzar una relación o hacerme nuevamente vulnerable con un extraño, no más de lo que ya lo había hecho hasta este segundo. Estaba acostumbrada y cansada de las relaciones de lejos. Sabía que dentro de mí, a partir de ese instante se estaba generando una pugna por escribirle o dejar de hacerlo.

“¿Quizás?” Su cara de tristeza me invadió profundamente haciendo repensar mi respuesta. ¿Qué hago aquí en este tren? Esta es una despedida que sabría que ocurriría pero llevada al extremo. A este hombre lo conozco desde hace 4 días. Y me estoy cuestionando si seguir con esto o no cuando llevo cuatro días viendo esto como un ‘fling-pre-verano’ ¿Qué es esto? Sólo ver su cara me hizo reconsiderar mi ‘quizás’.

“Lo haré”, le dije con una sonrisa y un beso.

Nuestras cabezas se reencontraron evitando el doloroso contacto visual que este mal rato nos generaba a ambos. Una vez en el aeropuerto nos dirigimos al mostrador, despacha la maleta, nos tomamos un café y pocos minutos antes de tener que acercarse a su puerta me dice:

“Voy a confesarte que estaba en ese mostrador esperando que algo pasara con mi vuelo. No me quiero ir, siento que no debería”.

En ese entonces mi corazón se reduce al tamaño de una alubia. Me invade una profunda tristeza que lucho por no traducir en lágrimas. No delante de él. Hará todo más complicado de lo que ya lo es. Te conocí una noche cualquiera, sabía que viajabas a China en unos días, pensé que no te volvería a ver jamás y cuatro días más tarde estoy segura de que no quiero dejar de verte jamás. Esta despedida es más dura de lo que pensaba.

 

 

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