Grandes dimensiones

Grandes dimensiones

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¡Eso no cabe dentro de mi!  Pensé despavorida tras ver el tamaño de su miembro. Había bebido poco esa noche, lo que se traducía en una imagen real y no distorsionada. Las grandes dimensiones que procesaban mi mente no eran producto de la ficción.

Tumbada en la cama me dejaba acariciar y besar. Desde lejos y con ojos entre abiertos apreciaba su divina virilidad.

Y en esos breves segundos en los que mi mente trastocada por aquella magnánima vista comenzaba a cuestionarse si esto debía ocurrir o no, si esto significaría placer o dolor, si aquello realmente cabría dentro de mí, en medio de la ridícula disyuntiva que me impedía dejarme llevar y disfrutar el momento… él dejó de besar mi abdomen para ocupar a sumergirse de lleno en mi entrepiernas deleitando mis profundidades vaginales.

Mi cuerpo era víctima de su maestría oral. Gemidos de placer luchaban por escapar mi cuerpo. Mi interior se contraía con cada lengüetada. Su lengua parecía tener vida propia. Rodeaba mi vagina de principio a fin como si la conociera de antes. Iba directamente a donde ella quería. Se movía rápida o lentamente como a pedido sin yo pronunciar palabra. Se adelantaba a mis deseos penetrándome ferviéntemente con sus dedos mientras su lengua rebordeaba mis labios: interno, externo, clítoris. Mi clítoris se hinchaba y mi cuerpo replicaba arqueándose de placer. Sentía su lengua contorsionarse para acceder a mis adentros.

En medio de aquella marabunta de sensaciones que poseía a mi cuerpo sin elección, llegué al orgasmo sin darme cuenta de que aquel miembro de grandes dimensiones ya estaba en mi interior.

 

 

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Si disfrutaste esta historia, estoy segura que ¿El tamaño importa? también

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