Nos hablamos

Foto: Tord Sollie (Unsplash)
Foto: Tord Sollie (Unsplash)

 

 

En un año de conocernos creo que nos hablamos más de lo que hablé con mi novio de dos años y medio. Nos conocimos de lejos, pero a fondo. Tan profundamente que me dediqué a contarle hasta el más mínimo detalle de mi vida. Nimiedades que jamás me detuve a mencionarle a nadie. Recuerdos puros de mi infancia, adolescencia y presente. Me abrí por completo reflejando defectos y virtudes a la par. Mencionando todo aquello que has odiado y amado en secreto. Le conté sobre mis sueños, mis anhelos, mi forma de ser.

Él, por su parte –mucho más reservado que yo– se había dado a la tarea de confesarme sus más profundos sentimientos de amor. De haber terminado con su ex por no ser el amor de su vida. De sus incomodidades e inconformidades respecto a su pasada relación. De su forma de ser, de sus proyectos y sueños. Me confesó lo que generé en él cuando nos conocimos, y lo que seguía generando –sin saberlo– con cada charla. Se detuvo a hablarme de experiencias traumáticas del pasado, de miedos y fantasmas. De esos secretos que terminan conviertiéndose en maravillosos episodios o en terribles pesadillas.

Nos hablábamos. Nos contábamos, confesábamos, recordábamos, anhelábamos, extrañábamos y soñábamos como si inconscientemente supiéramos que todo aquello algún día valdría la pena haberlo dicho.

 

 

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