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Escoba nueva

Escoba nueva Posted on 9 octubre, 20151 Comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Skeeze (Pixabay)
Foto: Skeeze (Pixabay)

 

 

 

 

Mi madre, muy refranera ella, don que claramente adopté, siempre decía: “Escoba nueva siempre barre bien

Refiriéndose no sólo al objeto de limpieza en sí, sino también a las relaciones humanas en general. Y yo, aplicaba su herencia a mi cotidianidad. El día que conocí a este chico, y los siguientes también gozaban de una armonía tal que admito que nuestra armonía que superaba la eficiencia de cualquier escoba nueva. Era, sin más, un Caballero con C mayúscula.

Tras haberme mudado el fin de semana, un lunes tardío por la mañana despierto a su lado. Miro el reloj: 12:00 am. Un “Ugh! Noooo”, escapa en voz alta de mi boca. “¿Qué pasa?”-me pregunta. Girándo mi cuerpo hacia una esquina de la cama, procurando buscar revivir las aún dormidas energías de mi cuerpo: “No quiero ir a hacer mercado hoy… ni ir a trabajar”. Me abrazó. “Yo puedo hacer mercado por ti”. Mi corazón se derritió instantáneamente. Giré mi cuerpo entre sus brazos para verle a la cara “¿Sí?”. “Claro, déjame una lista de lo que necesites y yo me encargo”.

Desvanecido el abrazo, me levanto de la cama para alistarme rápidamente en el poco tiempo que me queda para ir al trabajo, mientras pienso qué necesito del mercado. En realidad, comida. Sí, solo comida. Oh, y una escoba. No se puede vivir sin una escoba en casa. “Compra lo que quieras de comida, confío en tu gusto, jabón de manos y, lo más importante: una escoba”. Se ríe, “sí, me di cuenta que hace falta”. Lo despido con un beso, dejo 20 euros sobre la mesa y me marcho al trabajo, del que regreso pasadas las 11 de la noche.

La puerta de casa se abre. Él me espera en el umbral, mi nidito a media luz. La nevera llena de comida. Soy feliz tan solo con este momento. Esta ‘escoba’ sí que barre bien. Al entrar veo que una mesa bien puesta, apertivo incluído, vino blanco y una colorida ensalada, me recibe. ¡Qué grata sorpresa! Compartimos ese delicioso momento juntos y en algún momento surge el tema de la escoba. Admito estar un poco preocupada porque se le hubiere olvidado, pero como ven, este hombre no pierde detalle. Ya me había sorprendido en otras ocasiones.

Orgulloso, busca la escoba. La alza cual trofeo y me dice: “te he comprado la mejor escoba del mercado“. “¿Ah si?” pregunto sorprendida ¿Cómo es eso? ¿Qué puede tener de grandiosa una escoba? ¿No son todas mas o menos iguales? O es que esta es especial porque… Espero a que desenfunde aquel adminículo de limpieza. Y tras mi espera, aparece mi pesadilla.

Esa escoba de silicona -de mierda- idéntica a la que tenía mi amiga en casa y que tanto critiqué por ‘moderna’, ahora habita en mi casa. ¿Una escoba de silicona? ¿Sin cerdas? Pero si esto no recoge la basura, tampoco deja alcanzar las esquinas. Esto es culpa mía por haberle dejado ir al mercado solo. Yo, perpleja ante su adquisición, le miro sin pronunciar palabra alguna y manipulo a mis músculos faciales para que no expresen sentimiento alguno ante al nuevo integrante de la familia. “Esta escoba nueva está muy guay porque tú que pierdes mucho pelo, y esta solo los arrastra y no los acumula entre sus cerdas como las escobas comunes. ¿A que mola?”.

Yo no sabía si reir o llorar. Sinceramente.

Su orgullo y emoción me hicieron replantearme mis prejuicios sobre la escoba, y por ende, todo el asunto de la frase. Pues el Caballero -ya no barre… ni bien ni mal- pues ya no está en mi vida, pero tengo una escoba en casa que arrastra pelos y basura de maravilla ¿quizás porque todavía es nueva? El tiempo lo dirá.

 

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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