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Escritor filipino

Escritor filipino Posted on 26 octubre, 20151 Comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Charles Deluvio (Unsplash)
Foto: Charles Deluvio (Unsplash)

 

 

 

De un paisaje atractivo y seductor como este es nativa la familia de este chico al que bauticé como el ‘escritor filipino‘, que conocí mediante una amiga en común: compañera de trabajo mía y compañera de piso suya. Era medio español, medio filipino. Creo que nunca había conocido a alguien con un linaje tan exótico y atractivo.

Andábamos por la calle conversando de qué hacía cada quien. “Yo, además de trabajar donde ya sabes, pinto y escribo”. “Yo también escribo” -me comentó. Frase que cautiva a cualquier escritor. Hubo entonces un pequeño fulgor entre nosotros.

Y entonces comenzó una extensa charla sobre lo que cada quién escribía. Le mencioné este espacio y él me siguió contando sobre sus intereses, sus escritos de filosofía, de creencias, pensamientos… La vida en un trozo de papel. Este condensado conversatorio, acompañado de copas previa, una noche de fiestas y emociones se tornaba cada vez más interesante.

Al punto de que sin pensarlo, de mi boca salió, sin premeditación alguna: “Podemos hacer cosas grandiosas juntos”. Hubo un instante de silencio y fue ese el espacio necesario para hacerme conciente de lo que había pronunciado y sentir un poco de vergüenza -poca, admito- pues tenía unos cuantos tragos encima. Ignorando aquella oración continué.

“¿Y dónde pudo leer tus textos?”

“No se puede -contestó- soy bastante egoista con mis escritos”. Admito que todos en algún punto lo somos, y quizás con algunos temas en particular, aún más. “Si te soy sincero, me da vergüenza enseñar mis escritos. De hecho, he tirado varios libros a la basura”.

“¿A la basuraaaaa?” Alcé mi voz horrrizada

Los escritos, dibujos y canciones, por más vergonzosas que sean no se tiran! Se guardan. Para aprender de ellas, reevaluarlas, mejorarlas, reflotarlas, conocernos a través de nuestras obras. Lo único que es digno de tirar a la basura son los comentarios fuera de lugar como el mío hacia él -que admito, tampoco fue tan grave como podría haber sido-.

De aquella noche no me quedó sino la curiosidad de saber más de aquel escritor filipino. Que ni era del todo escritor, ni era del todo filipino. Pero que sin duda tendría millones de cuentos de tierras exóticas y personales que contar.

 

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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