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Mi jefe y mi blog

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Habíamos salido un grupo de compañeros de trabajo, incluido nuestro jefe. Sí, el mismo de mi primer día de curro.

Y en aquel Irish Pub, en aquella mesa de 6, compartida tan solo entre cuatro, entre cervezas y tintos de verano, mi amiga se aventuró a contarme que su amigo -aquel escritor filipino– había leído éste (mi blog) y había quedado sorprendido con mis historias.

El tema sobre la fascinación de su amigo por mi blog fue abrumador en la mesa. Tanto así que todos comenzaron a cuestionarse sobre las historias aquí expuestas. “Tía, mi amigo Jorge ha quedado marcado con tus historias” Yo me reía a carcajadas. Siempre escucho estas clase de comentarios sobre este espacio, al parecer nadie se lo espera. Me pregunto si será que la gente físicamente no me asocia a tanta guarrada o es que realmente no se esperan historias -desde una perspectiva femenina- narradas con tal desparpajo.

En medio del jaleo de esta conversación, sobre la aparente ‘promiscuidad’ de este espacio y del arrollador desparpajo con que narro mis aventuras amorosas y sexuales, volvieron Marcos -mi compañero de equipo- y mi jefe de fumar.

Mi jefe, para que se hagan la idea, es un tío normal. Normal de aquellos que  pasan por la calle obligándote a voltear a mirarle. Así de normal. De estos tíos normalitos que no puedes ver directamente a los ojos porque tanta ‘guapura’ te hace sentir incómoda. Así.

Ambos llegan a la mesa y automáticamente, la conversa nos obliga a bajar el tono de voz y con disimulo fuimos cerrando el tema blog. Estamos claros que esta clase de espacios no son como para conversarlos delante de tu jefe, mucho menos con uno así de ‘normal’ como él. En medio de aquel ‘cierre’, mi compañero -que ávidamente había entendido de qué iba el tema y lo sacó nuevamente a colación, delante de mi jefe:  “¡Ooooh si! El blog de esta chica, tenéis que leerlo. Vaya historias picantes que cuenta ¡Madre mía!” Eh. Ejm. Ejm. ¿Qué ha dicho? ¿Este tío acaba de mencionar mi blog delante de mi jefe? ¿Mi jefe y mi blog en una misma oración? ¿Sí? ¿Esto con qué se pasa? Tráiganme una Pinta de Guiness porque lo que se viene es… Eh. Ejm. 

Mi jefe, ni corto ni perezoso, aprovechó aquella ‘intro’ y en cuestión de segundos, dejó reposar su abrigo sobre la silla y se sentó, al otro lado de mi mesa, acomodó su silla y su cuerpo generando una línea paralela entre ambos, y con su sonrisa risueña y sus ojos celestes dijo: “¿De qué va tu blog? Quiero leerlo.”

Ejm. Ehhmm. Um. “Bueno. Es delicado. No es para todo público”.

“En qué sentido?”

Ejm. En muchos sentidos.

“¿De qué va?”

“Va de relaciones, amor, sexo… historias… picantes, románticas”

“Mmm. Me interesa” -dijo en compañía de una sonrisa pícara. Respondí con otra.

“Ahora me da mucha curiosidad”.

“Jajaja, sí, me imagino”, y disminuyendo los decibeles de mi risa, con seriedad y templanza dije: “hay material sensible”

“¿Sensible? En qué sentido?” Preguntó alzando una ceja

“Sensiblemente explícito. Escenas sobre sexo. Intimidad…mucha”.

Él bebía de su cerveza cuando resultaba necesario pasar el trago amargo de mis -no fácilmente digeribles- contestaciones.

“Um. Me está interesando aún más.”

Un breve silencio invadió el bar. Nadie en la mesa se atrevía a pronunciar palabra alguna. Todos estaban expectantes ante la resolución. Já. Sí, me imagino. “Me imagino. Es muy íntimo. Demasiado. Quizás pueda incomodarte.

“¿A mí? o… ¿a tí?” Alzó su rostro en señal de triunfo, con un dejo de arrogancia.

“¿A mí? No. Yo no tengo nada que ocultar. Es es mi intimidad en un espacio es público. Pero… en plan, si eres de las personas que puede sentirse incómodo tras haber leído aventuras sexuales y amorosas de alguien a quien vas a tener que verle la cara todos los días, yo me lo pensaría”

“No, no para nada. Quiero leerlo. ¿O acaso no puedo?”

Los sentados permanecían expectantes. En mi cuello sentía dagas punzantes de las miradas de mis compañeros de curro deseosos ante lo que yo fuera a decir respecto a este -ya conocido por ellos- espacio. “Sí, claro que puedes. No tengo nada que ocultar”. Después de todo, es un blog público. Todo lo que escribo públicamente en él no tendría  problema en narrarlo a viva voz.

“Bueno, ¿y por qué no lo conozco?” Decía con ese particular acento venezolano heredado con dejo nórdico

“¡Vaya! -interrumpió Marcos- me parece que alguien va a sufrir un despido”

“¿Perdón? pregunté confundida, por qué un despido si esto no tiene nada…” Mi jefe interrumpió de inmediato aquel conato de discusión: “¿Despedida? me parece más bien que alguien va a ser promovido”. Y sonrió enjaulando su cerveza entre sus brazos.

Ahhh bueeeno, si mi blog va a ayudar a una promoción. Toma nota inmediatamente: www.quepaseelproximo.com

 

 

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