Ojos azules

Foto: Joanna M (Freestocks.org)
Foto: Joanna M (Freestocks.org)

 

 

 

 

Me gustó desde la primera vez que lo vi. Algo en el azul de sus ojos me cautivó. Fue una noche de bar con la gente del curro.

No lo volví a ver, pero su recuerdo me quedó presente. Unos cuantos meses más tarde, en el mismo bar lo volví a ver. Esta vez en un encuentro un poco más cercano. Esa noche salimos con los de la oficina, mi jefe incluido y un amigo suyo, el personaje en cuestión.

Se sentaba en diagonal a mi, sonriente y conversaba únicamente con quienes lo rodeaban. Yo lo miraba de reojo porque en esos momentos sufro un poco de vergüenza. No compartimos palabra en toda la noche sino hasta el final, que pregunté por su nombre y sobre qué hacía. Trabajaba en la misma corporación que nosotros, pero jamás me lo topé en la oficina. Tras un par de palabras y menos gente en el salón quedamos solos en la mesa. Me hizo señas para que me sentara a su lado y así lo hice. Esos ojos azules de cerca eran incluso más punzantes, su rostro quizás más familiar. Fueron unos escasos minutos y mis compañeros de curro aparecieron para decirme que nuestro taxi estaba en la puerta.

En cuestión de segundos estábamos todos afuera del bar, mi jefe y su amigo de ojos azules invitándome a quedarme, mis compañeros subiendome al taxi que convinimos compartir y mi mente en un infinito debate. Ay me quiero quedar. Me debería ir. O quedarme y disfrutar. ¿Y luego como vuelvo a casa? No, me voy. Me quiero quedar aquíííííí. Les prometí a mis compañeros que nos iríamos juntos. Los fastidié para que no me dejaran sola. Me voy, si, la mitad de mi se quiere quedar pero me voy.

Y con un pie afuera y otro adentro del taxi, decidí volver a casa. Deseando, como lo hice la primera vez que lo conocí, volvernos a ver.

 

 

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