Perderte

Foto: Michael Ramey (Unsplash)
Foto: Michael Ramey (Unsplash)

 

 

Más hermoso que haberte conocido es haberme dado cuenta no hay nadie más importante y grandioso en este mundo para mí que yo misma. Suena ridículo, lo sé. Porque al menos yo, ponía las prioridades de otros por delante de las mías.

Cómo se me pasó la vida admirando, esperando, queriendo a otros, sin darme cuenta que era a mí misma a quien más debía querer, mimar, consentir y adorar. O al menos, por encima de todo y de otros.

Esperé a muchos hombres durante mucho tiempo. Te lo hice saber. Era justo. Y gracias a aquellas experiencias aprendí. Aprendí a dejar de esperar. Ni que el amor sea grande, ni que esté lejos, ni pitos o flautas. Creo que a ti más que a ninguno es a quien realmente me habría gustado esperar, pero no. No esta vez. Ya no más. Perderte me hizo darme cuenta que no es necesario esperar a nadie. Quien tenga que llegar llegará en el momento indicado. Por muy difícil que resulte entenderlo o esperarlo.

Ahora soy tan importante para mí misma que no pienso perder un segundo más en esperarte, pues significaría faltarme el respeto, significaría dejar de valorar el presente, sería no quererme lo suficientemente, o no creerme capaz de enfrentar todo lo que esté por venir.

Conocerte ha sido formidable, como un sueño hecho realidad. Un sueño que se desvaneció pronto, pero que dejó buenos frutos. Eres hermoso y grandioso, pero nada, nada, nada en este mundo superará la importancia que me tengo. Esa que no es intercambiable ni por la distancia, ni por tu amor, ni por tu espera, ni por nada en este mundo. ¡Gracias! Gracias por llegar a mi vida. Gracias por llenarla de luz, alegrías y lecciones. Y adiós. Adiós porque me quiero lo suficiente para perderte y no perderme a mí misma.

Quien tenga que ser llegará a mi vida en el momento preciso, de eso no me queda duda.

 

 

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