Condón volador

Foto: Josh Felise (Unsplash)
Foto: Josh Felise (Unsplash)

 

 

 

 

Estábamos en el coche, besándonos con locura. Llegábamos de un evento, y estaba por dejarlo en su casa. Nos mirábamos con pasión. Con ganas de comernos a besos, y devorarnos apasionadamente en aquel coche, en su casa, o donde a nuestras ganas mejor les conviniera. Inesperadamente los besos cesaron. Ambos en silencio quedamos a la espera. Sin saber de qué o quién.

Distracciones a nuestro alreador detuvieron nuestro afán. El coche aparcado delante del nuestro se movía en sintonía a un acto sexual que se llevaba a cabo dentro del mismo. Rítmicamente aquel auto estaba en evidenciaa ante cualquier transeúnte. Dada la hora, lo más probable es que fueramos los únicos videntes del caso. Sin notarlo nos fuimos haciendo ávidos espectadores de aquel ardiente espectáculo que sólo nos calentaba más y más a ambos.

En medio de aquella oleada de calor interior, de los movimientos rítmicos del coche de enfrente y nuestra interrumpida conversación que sólo narra lo que ocurre frente a nuestros ojos, sale disparado de la ventana del automóvil vecino un objeto volador que aterrizó junto a nuestro coche, por suerte en el pavimento (y no en el parabrisas).

Abrí los ojos de par en par y miré a mi compañero. Nos miramos a la par. “¿Qué es esoooo?” pregunté horrorizada ignorando la única respuesta posible. Él se rió ante mi desagrado, mi ignorancia o mi ‘inocencia’. “Lo que estás pensando”.

¡Puag! Ni falta hizo asomarnos por la ventana para constatar que se trataba de un condón volador.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *