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Matrimonio

Matrimonio Posted on 3 mayo, 20163 Comments

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Isabelle Portes (Unsplash)
Foto: Isabelle Portes (Unsplash)

Nuestra única conexión física nació de un abrazo que expresamente le pedí me regalara luego de una extensa y sentida conversación sobre su matrimonio y otros andares.

Éramos dos extraños. Él un músico perdido en medio de Gante  habiendo llegado al mismo bar al que yo, sin saberlo, elegí entrar minutos depués que él. Él buscaba -con ayuda del barman- un lugar para pasar la noche; yo probar algunas cervezas belgas y disfrutar mi última noche en esa ciudad.

Nuestra conversación se acopló, casi de inmediato al tema de las relaciones ¿sabrá él secretamente que yo cuento con este espacio? Me contó que era divorciado. Había cometido el error de casarse, aunque no estaba arrepentido de ello. Había aprendido muchas cosas de aquella experiencia, y por alguna razón las compartía conmigo. “Queremos seguridad. Firmamos un contrato creyendo que eso va a asegurarnos esa persona, ese amor, esa pareja. Pero nadie nos pertenece. Sólo nos pertenecemos a nosotros mismos. No creo que todo el mundo se case concientemente a cambio de esa seguridad. Pero ahora, tres años más tarde, he aprendido que por mucho que quise casarme, descubrí que me casé por tener esa seguridad. Y me costó haber tenido que romper mi matrimonio para darme cuenta de ello”.

“No funcionabamos. Éramos muy diferentes. Y muy iguales también. Es difícil de explicar. ¿Sabes a qué me refiero?” -Yo sonreía en asentimiento. -“Casi me siento ridículo diciéndolo, pero es la verdad… Y por miedo a perdernos, por querernos ‘asegurar’ el futuro, por querer complacer a nuestro ego nos obligamos mutuamente a comprometernos, solo para sacar lo peor de nosotros mismos”. Porque nos enfrentamos a nuestros defectos, esos que pretendemos ignorar. No he pasado por ello, pero entiendo perfectamente a qué se refiere. No sé si esto es un desahogo o una advertencia. Pero sus palabras calan en mí. La seguridad no nos la brinda el matrimonio ni la pareja, sino nosotros mismos.

Yo escuchaba aquellas sensibles y melódicas letras como si constituyeran parte de una gran canción mutua. No conozco a este tío de nada, no he estado casada y aún no sé si el matrimonio es algo realmente necesario. A fin de cuentas el amor -con o sin matrimonio de por medio- está y estará presente en ambos cuanto sea necesario.

Interrumpí para expresarle cuán de acuerdo estaba con sus planteamientos.”Si te soy sincera. No tengo motivos para no creer en el matrimonio. Mis padres tienen casi 40 años de casados, y en medio de discusiones y diferencias se han entendido, acompañado y amado, hasta el sol de hoy. Verlos juntos es como estar frente a dos quinceañeros. Y creo que eso es algo hermoso.” Pero me pregunto si firmar un contrato es realmente necesario. Después de todo el contrato está firmado tácitamente desde el momento en que comienzas a salir con esa persona.

Él continuaba… “Mi matrimonio, no me arrepiento, me trajo muchas alegrías y muchas lecciones. Dos realmente importantes

:Darme cuenta que a la única persona a la que realmente tienes que amar desmedidamente es a tí mismo, no al otro. Eres tú quien rige tu vida y la comparte de la par con otro, y no como muchas parejas sin darse cuenta hacen: dejando que las decisiones del otro rijan su vida. El amor y el cariño que compartes con los demás es un exceso del que tienes para ti mismo. No puede ser un sacrificio del amor propio, sino una extensión de este.

:Las cosas no hay que forzarlas, llegan por sí mismas a su debido tiempo. Nosotros, sin darnos cuenta nos obligamos a casarnos para tener esa seguridad de tenernos mutuamente, de ser dueños del otro. No somos dueños de nadie. No se nos asegura el futuro, ni el amor, ni la vida con un contrato. Eso es lo hermoso de la vida, la incertidumbre, las infinitas posibilidades a las que estamos expuestos si nos abrimos a recibirlas. Como encontrarte en este bar y darnos la posibilidad de compartir historias con un extraño y darte cuenta que en cualquier rincón de mundo puedes conseguir alguien que aunque no comparte tu religión o estilo de vida, comparte tus ideas.”

Y con esta densidad de pensamiento sobre el amor, relaciones y matrimonios compartí con aquel Palestino todo el amor que cupo en cuatro cervezas.

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Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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