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Cita aburrida

Cita aburrida Posted on 28 junio, 2016Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Ivan Pais (Pixabay)
Foto: Ivan Pais (Pixabay)

 

 

 

En mi vida había tenido una cita aburrida.

En medio del esplendor primaveral, a pocos días de la llegada del verano, coincidimos en el Parque El Retiro. Tras atravesar la marea de la feria del libro, llegamos a un banco en una zona un poco más tranquila del parque.

Buscando conversación le pregunté si le gustaba leer. Contestó que el trabajo le dejaba poco espacio para la lectura. No obstante, me regaló un largo e interminable monólogo sobre los libros que había leído. Ninguno de los mencionados textos los conocía, tampoco sus autores. “¿Cómo es que no conoces a Raymond Chandler?” preguntó con cierto dejo de arrogancia. Sus palabras resbalaban mi interés de manera inmediata, pues cada vez que intentaba dar mi opinión o generar comentarios, mis ideas eran despachadas con sus continuadas palabras y ‘conocimientos’ sin dejar cabida a una conversación, a un conocernos.

Me criticó por no conocer al ilustre Raymond Chandler -que hoy Wikipedia me presentó-, me dió ‘lecciones’ sobre géneros fílmicos y literarios, me compartió su inquietud sobre la importancia de leer las obras y ver los filmes que la sociedad considera obligatorias o necesarias, me instruyó -a modo de competencia- sobre el contenido histórico/literario impartido en las aulas españolas, sobre la densidad literaria de Don Quijote de la Mancha, y tantas otras miles de cosas más que mis oídos se negaron a escuchar.

El cielo se apiadaba de mí regalándome un magnífico azul que con el tiempo se iba degradando en rosa tras los árboles entre desperdigadas nubes blanco níveo. La naturaleza iluminaban mi tarde como él no lograba hacerlo. De a ratos le miraba a los ojos, deseando que su boca cesara sus balbucéos, soñando con que se diera cuenta de mi aburrimiento. Suelo ser bastante transparente con mis emociones, pero aquel día fracasé. O él lo ignoraba.

Les confieso: soy poco comercial en libros y películas. No me gusta lo que le gusta al común de la gente. Si se hubiera interesado en conocerme, se habría detenido a preguntarme. Escucharme. Habría descubierto inmediatamente por qué no conozco a Chandler. No me gustan las novelas policíacas, los thrillers, la acción, el suspenso, la violencia, la ciencia ficción, en fin… Bien lo decía Einstein “Todos somos ignorantes, lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”.

Dos horas más tarde, hastiada del bodrio, propuse marcharnos levantándome del humilde banco partícipe de la más aburrida tarde de mi vida en Madrid. En la caminata de vuelta a casa -el hombre, que de paso es de mi barrio- le pregunté su opinión sobre vivir en otros países, en mudarse de España, en migrar. “Por suerte no me ha ido mal aquí. Nunca he tenido la necesidad de irme”.

Ugh. Este hombre es como un libro monotemático… y cerrado. “A mi parecer, el tema de emigrar, o vivir algún tiempo fuera de ‘casa’ tiene que ver con una curiosidad nata, una inquietud personal, con necesariamente con una situación económica”. Poco convencido con mi argumento quizo reestructurar su respuesta, pero ya era muy tarde. Él solo, con sus ininterrumpidos monólogos había logrado distanciar el mínimo interés que pude haber tenido en él. La caminata, lamentablemente, continuaba unas cuantas manzanas más.  Me señaló el edificio donde conoció por primera vez este mundo y acompañando a su dedo, un comentario al aire -de aquellos de los que habría preferido no escuchar respuesta-: “estarás pensando que soy un cerrado y aburrido por no haberme mudado de este barrio o de este país”.

Con una sonrisa entre labios y una mirada de reojo dije: “Has puesto en palabras mis pensamientos”

El hombre, entre anonadado y deshecho me miró sorprendido ante tal comentario. Sonreí.

“¿Lo dices de verdad?”

“Sí. No solo por no haber salido del barrio o del país, sino porque lo has dejado entrever con ‘conversaciones’ si así pudieran llamarse anteriores”.

Quizás no sean las palabras más lindas para escuchar. Pero espero le hayan generado suficiente inquietud para salir de ese cascarón. Para conocer el mundo, considerar otras películas, autores, calles, nacionalidades y personas. Porque una de las cosas que hace grandioso a este mundo es su variedad, su amplitud de especies, pensamientos, conocimientos y opiniones, tal y como nos lo enseña la naturaleza a diario.

Al llegar a mi calle, le dije: “aquí me quedo yo”

“Vale, ¿cuándo nos vemos de nuevo? ¿El martes?”

¿Perdona? ¿Después de esta cita aburrida todavía existe la posibilidad de esta pregunta? ¿Más nunca te parece?

“Ya lo vamos viendo”. Sonreí y me marché a medida que cogía mi celular para bloquear y eliminar su contacto.

 

 

 

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El protagonista de esta historia, al que le di la oportunidad de conocernos un poco más fue el que conocí entre China y Tailandia

 

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Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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