Persona especial

Foto: Jamie Street (Unsplash)
Foto: Jamie Street (Unsplash)

 

 

 

Era un día de oficina como cualquiera: atroz.

Lunes.

A esa realidad se sumaba el hecho de haber trabajado la semana anterior desde un soleado Alicante. Bajo la sombra de un gran patio, entre hamacas, cactus y buganvillas, habíamos instalado nuestro ‘centro de operaciones’: ordenador, auriculares, cervezas y gazpacho.  En medio de una inexplicable marea de correos y algunas llamadas apareció él. Aquel desconocido, dulce como ninguno, venía sorpresivamente a iluminar mi día.

“Buenas tardes muchas gracias por llamar a atención al cliente, ¿en qué puedo ayudarle?”

“En develar este misterio. CHAN CHAN -agregué con el pensamiento

“Llevamos toda la mañana dándole vueltas a esta factura y no sabemos a qué se refiere ni a quién corresponde”

“Muy bien. Espero esté dentro de mis posibilidades. Podría brindarme el número de factura”

“Sí, cómo no…”

Tomo su número de factura y le brindo un poco más de información. Una melódica y dulce voz, muy masculina, me responde: “Ya. Esto explica mucho. Muchas gracias, ¿cómo era tu nombre?” Contesto con mi nombre.

“Tú debes ser una persona muy especial. Puedo sentirlo. Es un nombre ruso ese”.

Me rio. “Ciertamente lo soy. Muchas gracias. Sí, es ruso”

“Sabía que eras una persona especial. ¿Quién más tendría el coraje de contestar de ese modo? ¿De dónde eres? ¿Tienes familia rusa?”

Hombre si te explicara de dónde vengo… Nací en Argentina, mi apellido es polaco, mi nombre es ruso, mi pasaporte italiano, mi acento venezolano, mi inglés: americano… Soy medio argentina, medio venezolana.

“¡Oh! Sur America. Debes ser muy guapa” ¿Y de dónde tu magnífico acento americano?

“Sí, muchas gracias, sonreía a la par que contestaba, aprendí inglés en un colegio americano en Venezuela”

“Brillante tu nivel de inglés”

“Muchas gracias de nuevo. ¿Hay algo más en que pueda ayudarle hoy?”

“Sí. En seguir siendo ese ser especial y radiante que ya eres. Ayudando a la gente como lo haces. Muchas gracias.”

 

Y en ese momento sentí que lo que hacía cobraba un sentido mayor. Hace unos años me enfrenté a descubrir que mi misión en este mundo era ayudar a la gente. ¿De qué modo? No lo sé. ¿Escribiendo? ¿Pintando? No lo sé. ¿Mediante este blog? No lo sé. Pero esta historia explica la magia que tiene trabajar con clientes. Como todo en esta vida, unos malos otros buenos. Siendo estos últimos los más escasos, pero quizás por escasos los más valorados. Ese hombre -quizás adrede, quizás inocentemente- cambió mi vida. Me hizo darme cuenta lo que las más de 200 llamadas en aquel año no habían logrado demostrarme. Cuánto puede un acto o un trato amable marcar a una persona.

Ese día entendí, mediante la llamada de aquel desconocido, que era una persona especial. Y asumiéndome como tal, todo a mi alrededor resultaba diferente: especial.

 

 

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