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casa nueva

casa nueva Posted on 2 agosto, 20162 Comments

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Pineapple Supply Co (Pixabay)
Foto: Pineapple Supply Co (Pixabay)

 

 

 

Siempre he sido amante de las plantas. Tenerlas a mi alrededor me llena de energía, como si me refrescaran el espíritu. La historia con esta es bastante particular. El episodio se desarrolló en medio de una conversación sobre la reorganización de departamentos en la oficina, que en unas pocas semanas se traduciría en una mudanza.

“Te llevarás a tus plantas…¿no?”, dije auténticamente preocupada por ellas. “Si, claro. Si supieras que ésta estuvo desaparecida un tiempo”. En cuestión de segundos hice un poco de memoria y deduje conocerla de antes. Lo miré un poco extrañada ante su comentario: “la recuerdo en la cafetería”, dije. “¡Sí! ahí la tenía y cuando remodelaron, alguien se la llevó y más nunca la volví a ver. Y hace unos días alguien la dejó aquí en mi mesa…”

La planta era un pequeño cactus, bastante prominente para su edad. Que a falta de un hogar propiamente establecido, la pobre se extendía horizontalmente sobre aquel minúsculo terruño como queriendo huir de la maceta. Su color verde oliva oscuro hacía resaltar sus minúsculas y delgadas espinas. Sano, grueso, fuerte. Viril. En aquella maceta con tierra seca, ladeada pues el plástico no soportaba la magnitud de la planta, se acostaba sobre el escritorio como un miembro desatendido y olvidado pero con energía suficiente para dar la batalla.

Sonrió. “Sí. Todos saben que es mío porque me bromean: ‘Andaaa, ¡llévate tu polla!’ ” Con complicidad y a la par nos reímos ambos.

“Creo que necesita una casa nueva” le dije a mi compañero de curro. Menos mal que no mencioné la palabra polla en esa oración: ‘creo que tu polla necesita una nueva casa…’ ¡Alaaaa! Gracias mente por no develar mis dobles sentidos en público con personas de poca confianza “Jajaja, sídijo a la par con una sonrisa.

Al día siguiente, después de su partida, al pasar por su escritorio noté algo diferente. La planta estrenaba un espacio acorde a sus dimensiones. En cuanto me di cuenta de ello, entre la tierra fresca dejé una nota amarilla: “Tengo casa nueva :)”

 

 

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Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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