¿Por qué escribo?

Foto: Dustin Lee (Unsplash)
Foto: Dustin Lee (Unsplash)

 

 

 

La gente a menudo me pregunta que ¿por qué escribo? Me resulta curiosa la pregunta aunque también la entiendo. Creo tener vocación para esto, de lo contrario no llevaría años escribiendo y publicando en revistas mis textos. No obstante, la razón más profunda es que me expreso, me libero y me encuentro a través de mis textos. La respuesta menos obvia es porque todas las historias de aquí adentro las he vivido en carne propia y aunque algunas sí, otras tantas no son nada normales. Y esa es la razón por la cual inicié este espacio, porque me enfrento a situaciones inusuales respecto al tema relaciones. ¿Como por ejemplo? Como la del chico del cactus

Me escribió el día anterior a mi partida a Dublín en Ryanair sin estar al tanto de mis planes y sin contacto alguno durante unas 3 semanas. “¿Qué tal guapa cómo estás? Tanto tiempo sin encontrarnos”. Todo esto por el chat de la oficina porque naturalmente, no tengo su número. ¡apenas sé cómo se llama! pero bueno, ya he escrito dos historias de él en el blog, así que como se imaginarán, algo me interesa.

Tardo minutos en responderle, tras contestar una llamada que me entra segundos después de su texto. Respondo sorprendida pero manteniendo la compostura. Me alegra saber de él y debe saberlo sin permitirle que los humos se le suban a la cabeza. Me cuenta que ha estado ocupado con sus tres bandas.

¿Bandas? Me cuestiono. Se referirá a una banda musical o será un coloquialismo español para otra cosa? Le pregunto: ¿bandas? Sí, tengo tres bandas de música. ¡Eres músico! Qué hermosura. No lo dejes jamás. Síiii, toco el piano, la guitarra y la batería. Esta última mi favorita.

Conversando sobre música y estudios profesionales sale a relucir mi pluma. ¿tienes algún blog, algo que se pueda leer? ¿Tú eres adivino? Sí que lo tengo. Aquí se pudrió todo pues mi corazón se ha escapado de mí entre conversaciones sobre las artes y mi mente nubló toda clase de filtros.

Podrías leer la historia sobre tu cactus. Silencio nada incómodo gracias al medio de comunicación. ¿La historia de mi cactus? ¿Cómo es eso? explícame más que me interesa. ¡Me-quiero-morir! ¿Por qué mencioné la historia del cactus? ¿Por qué mencioné mi blog? Esto puede llegar a ser el alma de la discordia. ¿La del cactus? Hmm, creo que esa historia no tiene nada de inapropiado o revelador. Hago memoria y esa historia, ciertamente, no tiene nada de revelador, así que estoy a salvo. Otro mensaje suyo interrumpe mis sobreevaluaciones sobre el texto en cuestión: Estoy por irme, pero me debes la historia del cactus y yo a ti unos links sobre mis grupos. A ver si leo algo tuyo algún día.

Corroboro en mi blog. La historia del cactus no tiene nada comprometedor que el personaje principal de la misma no pueda leer. Lo tiene la historia anterior, que narra de forma descriptiva al hombre en cuestión y revela mis percepciones sobre él.

Pero a lo que íbamos, que ¿por qué escribo? Para entretenerlos con las gilipolleces a las que me enfrento pues sé que todos nos divertimos con la desgracia ajena.

 

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