¿Me das tu número?

Foto: Clem Onojeghuo (Unsplash)

 

 

Su dramático despertador a las 10 de la mañana pautó lo que sería el supuesto desenlace de nuestro encuentro. Lo que para mí había sido un claro polvo-de-una-noche para él se había convertido en una oportunidad para conocernos mejor.

Y sin mayor compartir que el de unas cervezas la noche anterior y nuestros cuerpos desnudos, cogió su móvil para detener la alarma y se acercó a la cama: ¿me das tu número? Lo miré con frialdad. ¿Para qué querrías mi número de teléfono? ¿Por qué no habría de tenerlo? Yo diría más bien ¿por qué habrías de tenerlo? Dijiste que tienes una esposa…Sí, y un hijo. De cinco años -completó la oración. Pero puedo tener tu contacto también. Sí, soy yo quien no te lo quiere dar. Prometo no escribirte a cada rato. No quiero molestarte, sólo tu número.

Yo no quiero darte mi número. En aquel momento tenía en mí una paz absoluta, un dolor de cabeza inclemente y mi cuerpo desnudo descansaba sobre sábanas blancas. Se sentó a mi lado y comenzó a interrogarme sobre distintos temas. Al cabo de un rato me preguntó mi apellido. Deletreado. Me vas a buscar en Google? ¿Debería? No lo sé ¿Aprenderé más cosas de ti? Muchas, aunque todas en español, así que entenderás poco. Entonces seguramente te busque.

Nos mirábamos silenciosamente como descubriéndonos. Rompiendo aquella paz continuó: ¿Qué día cumples años? El 14 de mayo ¿y tú? El 21. Lo miré dudando. ¿De mayo? Sí. Qué raro… mi hermano cuample años el mismo día pero en Junio. La filosofía de los dobles de Salomon Sellam rondaba mi cabeza. ¿Sabes si eres Tauro o Géminis? Géminis. De pequeño pensé que era Tauro, pero con el tiempo me fui dando cuenta que soy más geminiano que otra cosa. ¿Eres como dos personas en una? Sí. De verdad que no entiendo por qué me molesto en preguntar esto si está más que claro, el tío tiene una esposa y un hijo y está pasando la noche conmigo. Irrumpió en mis pensamientos, tengo una última pregunta, prometo que es la última: ¿me vas das tu número de teléfono?

No, dije sonriéndole. Por favor. Te voy a ser sincero. Me cuesta eso de conocer a una persona increíble -porque eres increíble e interesante- y perder el contacto. Es decir, que tienes una agenda llena de mujeres con las que te has acostado… ¡Ja! No. No me he acostado con tantas mujeres, ni tampoco tengo el número de todas. ¿Estás mintiendo? No, no tengo motivos para mentirte. Lo sé, pero cuando te conocí tus amigos dijeron que eras un mentiroso, aún no sé si bromeaban o no.

Por favor, déjame tu número de teléfono. ¿Por qué me vas a hacer famosa? Su entrecejo se ensombreció y sus ojos se llenaron de confusión. Ummm, no. Já, entonces ¿para qué lo quieres? Para enviarte un mensaje de cumpleaños en tu día, dijo guiñándome el ojo. Gracias, no será necesario. Por favor, de verdad que no me gustaría perder tu contacto. Me reí, no sé si realmente necesites tener mi contacto.

Se levantó de la cama, fue al baño y comenzó a vestirse delante de mí. Se sentó de nuevo en la cama y comenzó a hacerme mimos. Por favor, ¿me das tu número?

Seis horas más tarde tenía en mi móvil un mensaje suyo:

Hola, gracias por esos dulces momentos que compartimos esta noche. Cuídate y mándame noticias tuyas de tanto en tanto. Besos

 

 

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