Noche misterio

Foto: Larm Rmah (Unsplash)
Foto: Larm Rmah (Unsplash)

 

 

 

 

Aquella fue una noche misterio. Todo lo que ocurrió estaba imbuida de silencios, de palabras no dichas, de enigmas.

Tras haber decidido pasar la noche con él, a bordo del taxi le pregunté ¿tienes condones? Me miró con cara de extrañado. Me reí como dudando de su extrañeza ante la pregunta y lo miré con ojos inquisitivos. ¿Pararemos el taxi? Por supuesto, ¿acaso crees que me voy a acostar contigo sin preservativo? Le dije mirándole fijamente a los ojos con mirada inquisitiva. Respondió silente con cara de desconcierto.

Ignorando sus reacciones le pedí al taxista que detuviera el taxi en la esquina siguiente frente a la farmacia ¿podríamos esperarlo un momento? ¡Cómo no! afirmó el chófer. Lo miré. Él a mí, inmutado. El coche se orilló a un costado y de inmediato le dije: bájate y compra condones. ¿Ah? ¿Yo? Me reí ¡Claro! ¿O todavía quieres que me baje yo? Me miró anonadado ante mi soltura. Sin pensárselo más desalojó el coche y volvió al cabo de unos minutos con una pequeña bolsita.

Al llegar a casa, el episodio surreal de un hombre de cuarenta y tantos que no considera vital adquirir preservativos para un one night stand, y que tampoco se ofrece caballerosamente a ello fue reemplazado por una representación digna de un film de Wes Anderson –salvando el decorado que es más Almodóvar que otra cosa–. Individualmente nos despojamos de nuestros ropajes, cada quien por separado, como si repentinamente nuestros miedos hubieran salido a flote para hacer de este ritual algo pausado, meditativo, frío. Como antaño, pero uniendo miradas y sonrisas desde la distancia.

Me zambullí en la cama y vino a acompañarme, besándome locamente y descubriendo cada milímetro de mi cuerpo con sus dedos, con sus besos. Nuestras pieles rozándose por primera vez en aquel blanco mar sediento y ansioso pero interrumpido por el alcohol, nos consumimos profundamente.

No pensé que te interesaba. ¿Cómo no? No. Pensé que estabas interesado en mi amiga pues hablabas solo con ella. Me resultaba más fácil hablar con ella, por el italiano. Excusas llamo yo a eso, pero omití el comentario. ¿Desde cuándo te interesé? –Inquirí. Pensó unos minutos y dijo: media hora después de conocerte. ¿Media hora? Eso fue rápido. Sí, desde el primer momento. ¿Y qué te gustó de mí? Que eres guapa, inteligente, interesante. Gracias. Nuestros ojos continuaban el diálogo, el silencio invadía la habitación. Había tanto por decir. Y tanto por callar. Era ese silencio lo que la hacía una noche misterio.

 

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3 comentarios en “Noche misterio

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