Lecturas: La montaña del alma

Foto: Obra de Gao Xingjian
Foto: Obra de Gao Xingjian

 

Inauguro este primer sábado de diciembre, y con ganas de hacerlo cada primer fin de semana del mes, una nueva sección: lecturas. En ellas compartiré una breve opinión sobre algún libro que haya leído recientemente (procurando que sea el último). No pretendo criticarlo ni reseñarlo sino compartirles mi opinión y lo que ese libro me dejó. Espero cada primer sábado del mes puedan disfrutar un pedacito de ese texto a través de mis letras. Les dejo con mi primera incursión en esto con un gran libro de un Premio Nobel 2000: Gao Xingjian.

 


 

La montaña del alma

Gao Xingjian

1990

 

Me devoró ese libro ¿o acaso yo a él? Comparto con él este recorrido como mío propio. Es la voz de Gao Xingjian, quien con gracia lo convierte a uno en viajero que junto a él emprende este recorrido hacia Lingshan -título original del libro-, la montaña del alma.

En ese recorrido físico, quimérico, visual y espiritual que realiza el autor estamos presentes los lector pero no de manera obligatoria. Subiendo peñascos, admirando paisajes, padeciendo fatigas, pero sobretodo, deseando llegar, sin darnos cuenta que -como en la vida- lo valioso no está al final del camino, sino en el recorrido en sí.

Conocí a Gao Xingjian de retruque en mi primera visita a Bruselas. Ahí estaba él, en un importante museo al que mi presupuesto me prohibía entrar. Me dispuse a descubrir la tienda del museo y ahí estaban las postales de sus obras y un gran libro con fotografías de ellas, sellado. A pesar de ese minúsculo abrebocas, se me grabó su nombre. Como si mi alma me dijera en secreto: no lo olvides, vuelve a por él.

Cinco meses más tarde, sin su nombre retumbando en mi memoria, voy -como cada lunes- a mi clase de Taichi. Llego más temprano de lo esperado, y hago tiempo ojeando una de las estanterías presentes… y ahí está él. En el lomo de un grueso tomo que lee: Gao Xingjian. La montaña del Alma.

Sin pensarlo me dirijo a la dueña de la escuela, una mujer cuya amplia sabiduría no demuestra más que en sus ligeros movimientos de Taichi. ¿Podría prestarme este libro? Le inquirí. Por supuesto. Es un libro hermoso. 

Esa misma tarde me dejó seducir por un lenguaje y su silencio “Cuando Dios habla a los hombres, no quiere que oigan su voz” Reí, lloré, me divertí, me aburrí, me asquee, aprendí. Fue como vivir una vida en miniatura narrada por un personaje de a pie en busca de una montaña.

Suelto lágrimas de alegría tras el final de esta novela, agradecida por este viaje espiritual del que he sido partícipe mediante sus lecciones. En él el autor se habla a sí mismo a la vez que nos habla a todos. Me quedo con esa fantástica sensación de ser mejor persona tras haber culminado este viaje.

“¿De qué sirve desear? No desees nada, no quieras nada de las personas ni de la vida, y siempre pensarás que has conseguido más de lo que pudiste desear. Y sabes por experiencia que, cuando has conseguido lo deseado, lo que te hizo feliz no fue tanto el objeto deseado como el propio cumplimiento”.

 

 

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