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El retorno de yo la vi

El retorno de yo la vi Posted on 10 enero, 2017Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Martin Miranda (Unsplash)

 

 

Después de 13 años sin saber el uno del otro –y uno creyendo que la gente no vuelve–, me encontró en Instagram y me escribió. Esto es lo que odio de las cookies y esta persecución de Google y las redes sociales de ponerte en contacto con gente con quien ya no quieres estar en contacto.

Pero bueno, lo cierto es el retorno de yo la vi, era un hecho. Intercambiamos par de mensajes y resulta que vive en Buenos Aires, a donde voy cada año a visitar a mi familia. Me contó que trabajaba en organización de eventos, o algo así, que hacía mucho ejercicio y que todavía pintaba. Le pasé el enlace a mi blog para que leyera el artículo la llave de mi corazón  donde narraba una de nuestras primeras citas. Me alegró su primer contacto. La ilusión me duró poco.

Algún día siguiente, al final de otra –bastante grata- conversación, recibí un: Dame un beso. ¿Huh? Estamos en mensajes, y, si fueras un hombre con dos dedos de frente sabrías que los besos no se piden, hay que saber cuándo darlos. Lo dejaba yo bien claro en mi artículo ¿te puedo besar? Antes que regalarle algún taco, insulto o sermón de formación preferí callar. ¿Me pasé de educada? Quizás. Hice bien.

Decía Séneca: Me arrepiento muchas veces de haber hablado, nunca de haber callado. Cuánta razón. Al día siguiente recibo otro mensaje suyo: ¿Por lo visto no hay beso? Pues por lo visto no te enteras… que no hay ni beso, ni sentido común ni interés, porque yo un tío con delirios persecutorios tampoco quiero en mi vida.

Aquello generó una discusión innecesaria. Tendría que haber seguido nuevamente las palabras de Séneca, pero contesté con: eres un pesado. Respuesta que no le sentó bien. No obstante, los días siguientes seguía enviándome mensajes: espero pases un feliz día.

Yo también espero que pases un día tan pero tan feliz que te olvides de mi hoy y por siempre. Porque los reencuentros son gratos, en la medida en que ambas partes quieran verse, yo con un pesado como tú prefiero no perder mi tiempo. Y así fue como el retorno de yo la vi no fue más que el principio del final.

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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