Vuelo de año nuevo

Foto: Suhyeon Choi (Unsplash)

 

 

Podía sentirlo. Aquel inicio de año acompañado de mi familia, de mis perros y mis tres nuevos sobrinos me auguraba un magnífico año. El pasado 2016 fue movido y muy fuerte emocionalmente, pero grandioso por todo lo que aprendí y las oportunidades que tuve. Olvidar, perdonar, llorar, sanar, conocer, viajar, aprender, descubrir, soñar, meditar, sonreír, reir, agradecer. Agradecer. Agradecer. Mi vuelo de año nuevo fue así:

Si bien las despedidas nunca son gratas, pero esta fue bastante más leve que otras anteriores. Me gustaría pensar que todos nos estamos acostumbrando a la idea de que vivo del otro lado del océano, pero que es ahí donde soy feliz, a pesar de estar lejos de mi familia. Nos acompañó mi tía y mi prima menor, la otra artista de la familia; mi hermano, que rara vez está, y mis viejos, mi principal razón para ir. Circulábamos en medio de la marabunta de gente, todo pareciera indicar que el turismo es mucho mayor que lo que el aeropuerto de Ezeiza está acostumbrado a enfrentar.

Entre las hordas de gente me abstraía de aquella despedida, de la realidad de enfrentar 12 horas encerrada en una máquina voladora con limitadas opciones de diversión: una tele o un buen libro, con el que por suerte contaba y sobre el que les comentaré en mis próximas ‘Lecturas’; de volver a casa, al crudo invierno, a la absoluta soledad, a la responsabilidad, a la carencia y comprensión de los mimos de mamá. Pero si la peor noticia es tener que despedirme de ellos, la mejor sin duda es que es un nuevo comienzo, y que el universo siempre está dispuesto a sorprenderte.

Nuestro vuelo tiene más niños que un colegio, parece un jardín de infantes. Frente a mi, acompaña mi vuelo otro bombón rubio de diminutas dimensiones. Un nene curioso y tranquilo, hijo de un sueco y una argentina que calmadamente se enfrentan a entretener y calmar a su criatura de unos dos años y medio. Me mira y se sonríe. Se esconde tras la espalda de su padre o entre los brazos de mamá. Lo dejan pasear a solas por el pasillo, pero aún es más pequeño que su curiosidad así que merodea al lado de los asientos de sus padres y va tentando acercase al mío. Me toca los pies, me mira de reojo y remolonea en el suelo al lado de su padre. Lo conquisto en cuanto se le cae su almohadita y la recojo para tontearle en la cabeza con ella. Se sonríe avergonzado y me saluda con su manito. A partir de ese momento sé que me lo he ganado. Me juega con las manos, se asoma para verme y hacerme caritas, mira a mi compañero. La peor noticia a la que se enfrenta ese niño en este momento es que se enciendan la señal de los cinturones. Que lo amarren y tenga que ver hacia el frente sobre los brazos de mamá en lugar de pasear y jugar conmigo, es casi una desgracia. Su llanto lo constata. Es mi gran diversión del vuelo. Tanto así, que suspendo mi peli por él.

En mi vuelo me acompaña… si, adivinaron bien, un inglés. No podía ser de otra manera. Es menudo, flaco, aventurero, rubio y de ojos claros. Dudo un poco sobre su sexualidad tras su selección de películas pero agradezco su calma y su compañía. Tras muchas jugarretas con el bombón rubio dedico un poco de tiempo para conocer a mi compañero de asiento. Ocupa la ventana, mi puesto predileto, que según mi suerte estos años parece que por obligación ha dejado de serlo pues todos mis últimos viajes este año he sido asignada en pasillo. El inglés es calmado, alegre, me comenta que vuelve de un viaje de cuatro meses por Latinoamérica. Visitando diversas localidades de Argentina, Colombia y Chile. Su peor noticia es que vuelve a trabajar. A Londres. En Marketing. Lo enteramente opuesto a lo que su cuerpo se había expuesto en los últimos meses del año.

Mi vuelo de año nuevo transcurre entre juegos de niños chicos, conversaciones con extranjeros, la última peli de Tim Burton y casi 8 horas de sueño. Imposible pedir un mejor viaje. Si esta es la antesala al nuevo año, no puedo esperar a descubrir lo que está por venir.

2 comentarios en “Vuelo de año nuevo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *