Lecturas: la carne

Foto: Christopher Campbell (Unsplash)

 

 

La Carne es una novela de amor sinigual. Es entretenida y ligera. Tanto así que la leí en tres sentadas durante un fin de semana. Agradezco haberla leido en el momento en que lo hice porque me alivió de tantas responsabilidades que ahora me aquejan, pero extrañé inmensamente un poco de densidad, de razón de ser, extrañé esa carne que de manera tan tentadora protagonizaba el título.

La historia es fresca y original. Me cautivó desde el primer momento en que leí que la trama trataba de una mujer entrada en edad que solicitaba los servicios de un gigoló. ¡Bingo! Esto, de la mano de Montero tiene que ser lo más. No me equivoqué, pero creo que mi mente corrió a pasos más agigantados que los de Rosa y esperé más de lo que recibí. ¿Quizás el título me generó más morbo de lo que había en su contenido? Quedé sedienta, quería más páginas, más emociones, personajes más pesados, más fortalecidos, historias más densas. El gigoló tenía sus rollos, ella los suyos, y había una cierta conexión entre ellos que me habría gustado conocer más cercamente.

Rosa Montero es una escritora que me gusta mucho. Disfruto la sutileza de sus formas. Cómo sin titubeos explica razones complejas. Cómo sale triunfante de embrollos. Cómo percibe con claridad la simpleza de las cosas importantes. Lo brillante de La Carne es la clara puesta en escena de ese amor que todos desesperadamente necesitamos. En ella se constanta que lo que mueve este mundo es el amor y que todas nuestras carencias como seres humanos no son más que esa gran falta de amor que tenemos y que incesantente buscamos. Y que lo único que puede salvarnos es el amor propio.

 

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