Tus fantasmas

Foto: Mike Wilson (Unsplash)

 

 

Tus fanstasmas son todo aquello de ti con lo que no logras comulgar. Todo lo que no se corresponde con aquello que quieres ser, pero que aún eres. Es tu lado oscuro, todo lo que está por trabajar, por pulir, por mejorar. Es como tu diamante en bruto, lo que la habla inglesa llama ‘diamond on the rough’. No te gusta porque no es el diamante que has visto en los anillos de boda, sino ese bajo el foso, recién sacado de kilómetros bajo tierra para que lo examines, te deshagas de lo que no sirve de esa piedra, pero cortes lo que podría servir, lo que a futuro podrá pulirse, facetarse y sacar su mejor brillo para hacerte lucir.

Y con aquel desconocido compartía yo copas y confesiones sobre mis orígenes, abriendo mi corazón a alguien que probablemente no vería nunca más.

¿Cómo es que una chica como tú no está aquí sola y no acompañada? La respuesta a aquella pregunta no era tan fácil de explicar. Todos tenemos temas por resolver. El mío, si bien había que escarbar profundo para llegar al corazón del problema, todo lo visible estaba íntimamente ligado a mi incapacidad de establecer una pareja.

Opté por contestar lo obvio: Inseguridades, insatisfacciones. Es una larga historia. Apartó sus ojos negros de mi rostro, dos cervezas más, le pidió al barman. Tenemos toda la noche por delante. Las copas subrayaron la oportunidad para hablar extensamente. Sonreí entre labios escondidos. Te escucho. Como si nunca antes alguien se hubiera tomado la molestia de escucharme con tanto interés comencé mi retahíla…

Ahora mismo estoy en un proceso curativo. No estoy preparada para enfrentar una relación en este momento. Pero si es cierto que siempre busco relaciones complicadas, amores imposibles, hombres poco comprometidos. Es como si las generara a propósito. Pero no las quiero. No sé por qué, probablamente de las inseguridades que me produjo la adopción. Pequeñas lágrimas se escapaban de mis ojos. Yo las ignoraba y continuaba. Crecí en un hogar perfecto. Mis padres siempre fueron una pareja consolidada, hermosa. Nunca me faltó nada. Mucho menos amor y respeto. Me respetaron, me educaron, me guiaron y me apoyaron ¿Cómo es que no puedo establecer una relación sana? No lo entiendo

Algunos minutos de silencio fueron el epílogo de un te entiendo. Sus ojos buscaban mi mirada. Lo sentía honesto, lleno de esperanzas y sin ánimos de juzgarme. Estás digiriendo todo esto. Y eso es muy bueno. Tomaba mi hombro derecho entre su mano robusta y me acariciaba con la ternura de una madre que lamenta tus herida. No es fácil, lo sé -hablaba como quien que te conoce de hace mucho tiempo- los cambios son paulatinos. El problema lo tienes identificado. No te culpes por ello. Agradécelo, abrázalo, comulga con él. Mira, cuando me divorcié me resultaba dificilísimo superar esa pérdida, a pesar que había sido decisión mía. Yo la amaba. Me desvivía por ella. Nos amábamos. La sigo amando, ya de un modo bastante diferente. La decisión de casarnos fue de ambos. Pero no nos iba bien, era un matrimonio que agradezco enormemente, en el que crecimos sin remedio, pero que no nos hacía bien a ninguno. Estos procesos son lentos pero liberadores. Eso te lo puedo prometer. Sus palabras eran tan reconfortantes como sus letras, las que conocería días más tarde, una vez en casa. Sé fuerte, persiste, siga adelante, no te rindas, porque eres fuerte.

Deja salir todo eso. Todo eso que te hace daño, que te hiere. Entrégate a tus fantasmas. No les tengas miedo. Nuestros fantasmas son parte de nosotros. Esa parte que no nos gusta asumir, pero parte de nosotros. Abrázalos, escúchalos y déjate crecer.

 

 

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Con este mismo hombre hablamos sobre el matrimonio

 

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