Quinceañera-Treinteañera

Foto: Rengim Mutevellioglu (Flickr)

 

No me sentía como una quinceañera-treinteañera desde hacía años. Hasta esa noche. Conversábamos los tres en el salón de su casa, compartiendo unas cervezas. Me senté en el sofá y Marcus me acompañó dejando poco menos de una mano de separación entre ambos mientras la música de Guns N’ Roses nos daba de qué hablar. Sabía que estaba interesado en mí, por aquella conversación Rated R que mantuvo con mi jefe tras aquel revelador After Office.

Yo estaba sentada en el sofá, y él en el borde del mismo y acercaba su rodilla a la mía, como cuando de adolescente un chico te da señal de que le gustas.  Comienzo a creer que es un tío tímido y no el mujeriego que me imaginaba.  No dejo de soprenderme incluso a esta edad, lo similares que en tan escasas ocasiones somos hombres y mujeres.

Sus roces alborotaban mi corazón haciéndome sentir como una chiquilla. Si me desconectaba de la conversación y fijaba mis ojos en él podía identificar lo aburrido que estaba de que su amigo siguiera ahí. Él procuraba distraerlo con la música, con otros temas de conversación, pero todo esfuerzo era en vano. Para suerte suya quedaban pocas cervezas, jajaj así que al cabo de unas dos o tres horas mi jefe anunció su despedida. Yo aún no tenía muy claro si quedarme o no. Marcus estaba atento a su móvil y yo no terminaba de entender si lo hacía por atender pendientes o si procuraba huir de la situación. Yo creo que pediré un taxi, asomé tentando sus reacciones. Marcus no hizo gesto alguno. Mi jefe saltó enseguida alzando su mano frene a mi pecho: no, yo me voy; tú te quedas aquí. En cuestión de segundos el caballero había desaparecido del piso de su amigo.

Tras despedirlo Marcus volvió al sofá, esta vez sus rodillas eran tan independientes como las mías. Recostados sobre el respaldar, interceptamos nuestras miradas y sonreímos. Enseguida se irguió, estrechó su torso hacia mí y me besó la boca. Creo que ambos llevábamos meses, años esperando ese momento.

Yo era entonces una quinceañera-treinteañera y él, de la misma calaña.

 

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