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Dormir en hostel

Dormir en hostel Posted on 18 abril, 2017Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Gabriel Gurrola (Unsplash)

 

 

Los fantasmas de aquel músico me persiguieron hasta mi cama. Tras habernos conocido en aquel bar me acompañó hasta mi hostel en busca de un lugar donde pasar la noche. Tras haber sido negada su entrada, por estar “completamente ocupados” se marchó. Eran cerca de las 3 de la madrugada, las calles estaban casi vacías y mi cuerpo exhausto del trajín de la semana anterior y de ese bien caminado día. Me puse la pijama y salté a la cama. Dormir en hostel no es fácil, habiendo llegado y reposado mi cabeza sobre la almohada, unos minutos más tarde llegó el inglés guyanés que dormía en la cama de abajo.

Pero tras aquella experiencia fuera de lo común con aquel hombre, la presencia del inglés me resultaba ilusoria. Mi mente jugaba conmigo haciéndome creer que el hombre del bar, minutos más tarde de haber sido rechazado, frente a mi por los dueños del hostel para hospedarse la noche, por estar “completamente reservados”; había entrado en aquella habitación, dejado su guitarra y sus ropas colgadas y se había acostado en la litera debajo mío, ignorando la presencia de las pertenencias del inglés.

Entre dormida y despierta, sin realmente saber cuál de las dos realmente manejaba mi vida, me dejé llevar por aquella sensación. No entiendo. Estábamos fuera del hostel, cuando él tocó el timbre preguntando si había lugar para pasar la noche… y le dijeron que no. ¿Cómo puede estar aquí? ¿Esto es un sueño? ¿Está él realmente aquí? Sí. Lo vi entrar. No, no está aquí. Ha dejado su guitarra a un costado de la puerta y su chaqueta al lado. ¿Por qué se acostó en esa cama y no en alguna de las vacías? Ahí duerme mi amigo. Éste tío también es tu amigo, del bar. Debería decirle que ahí duerme el inglés. No, déjalo que duerma. Necesita descansar. Me relajo y dejo hundir mi cabeza en la almohada. Ronca. ¿RONCA!? Debe ser entonces el inglés y no el del bar. El inglés ronca. ¿Y si el hombre del bar también ronca? Lo conocí en un bar. No sé si ronca. Debería despertarlo y decirle que se cambie de cama, que esa está ocupada. Nah. Que se dé cuenta en cuanto llegue el dueño de la cama. ¡No! ¿Imagínate si eso ocurriera? ¡Vaya discusión! Eso va a ser una gran discusión que no me va a dejar dormir.

¿Qué mayor discusión que esta? Esta que ocurre entre mi conciente y mi subconsciente sobre los fantasmas que me persiguen de un desconocido que sin quererlo marcó mi noche, y probablemente también mi vida…

Dormir en hostel no es fácil, pero menos lo es cuando tu mente invade tu tranquilidad.

 

 

 

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Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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