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El ritual del condón

El ritual del condón Posted on 2 mayo, 2017Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

 

 

Yo el ritual del condón que tienen los hombres a nuestras espaldas nunca lo he entendido. De allá de tierras remotas de donde vengo, parece haber un teatrillo en común con respecto a forrarse. Y debe ser algo cultural porque en Europa he vivido lo opuesto.

En el continente americano es como si se tratara de una relación íntima que tienen con su pene mientras se lo ponen. Se sientan en el borde de la cama y cubren su miembro con su espalda como alzando un muro entre su polla y uno. No responden a preguntas, no voltean a ver si una no se ha marchado. Nada, somos invisibles. A ver, que si ya estamos aquí desnudos y lo próximo que experimentaremos será tenernos uno dentro del otro, ¿qué más da que te mire ponerte el profiláctico? No lo entiendo. ¿Acaso escondes algo? ¿No te he visto desnudo ya? ¿No te voy a ver en peores posiciones? Pero por favor.

Yo confieso que incluso me he ofrecido a vestir de látex a sus miembros. Y he desistido de todo intento ante la negativa a la que me he enfrentado en reiteradas ocasiones.

Mi llegada a Europa probablemente me dejó descubrir hombres menos inseguros, más abiertos y menos pudorosos. Hombres que venían con preservativos bajo el brazo como si se tratara de una barra de pan. Que los vuelcan sobre la cinta del supermercado junto a la pizza, el helado y unas cervezas. Así sin más. Y que tras unos besos y rozamientos, abiertos de piernas sobre la cama cogían los condones y sin pudor alguno enfrente tuyo se enfundaban. Este es mi mundo. Así soy yo. Transparente y de frente.

Con respecto a esta reflexión y sobre el ritual del condón en Europa, tengo una anécdota

Fue en Madrid, una noche con mi affair belga. Con cierto desgano, con un cuerpo invadido por el cansancio de todas las cervezas que tomamos antes de llegar a la cama, alcanzo entre mis dedos el preservativo en la mesa de noche. En cuanto sentí que lo cogió entre sus manos, largué mis pocas fuerzas restantes al vacío y me dejé invadir por las sábanas. Lo abriré pero es tarea tuya, me dijo. Me sentía en un sueño. ¿Tarea mía? ¿Un hombre que me deja ponerle el preservativo? Y no sólo eso, sino que además considera esto una tarea femenina. Pues cuánto hay para aprender en el mundo del sexo en Europa.

 

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Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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