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Lecturas: La soledad de los números primos

Lecturas: La soledad de los números primos Posted on 6 mayo, 2017Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Lee Key (Unsplash)

 

 

La soledad de los números primos es una novela diferente… ¡en tantos sentidos! Habla de muchas cosas como si se tratara de muy pocas. Es de esos libros que no cala en ti pero sí que te habla, te toca, deja una huella, quizás imborrable. Disfruté profundamente las páginas de Paolo Giordani, quien escribió esta novela con tan sólo 26 años de edad logrando vender más de un millón de copias y traduciendo la novela a más de 23 idiomas. Se expresa con una claridad envidiable y la historia es devorable.

En medio de aquel millón copias vendidas retumbaba en mí aquel nombre: la soledad de los números primos. ¿Qué mayor soledad que la propia? ¿Qué mayor contraste que la soledad en medio de un millón? A menudo la soledad es considerada -quizás no entre escritores, o artistas en general- como una desgracia, un error, una cosa circunstancial. La soledad es para mí una forma de vida. Un saber estar con uno mismo. Y Giordani expone bien esa timidez, ese silencio, ese diálogo interior que tenemos quienes disfrutamos vivir en soledad.

Lo brillante de esta novela es su curioso planteamiento pues realiza una analogía entre la explicación teórica de los números primos gemelos -aquellos entre los que siempre se impone un número par (ejemplo, el 11 y 13, el 17 y el 19 o el 41 y 43), pero que éstos aunque parecen próximos, nunca se tocan- y la relación entre Alice y Mattia. Usando esto como metáfora narra la historia de dos adolescentes cuyas atracciones parecieran seguir el mismo camino que los gemelos matemáticos.

Personajes débiles, afectados, vulnerables, comunes; cuyas vidas han sido marcadas por episodios claves durante su niñez. ¿Es acaso una radiografía? ¿Una invitación a revivir o reevaluar nuestra niñez, nuestra adolescencia, nuestras relaciones? ¿O quizás una oportunidad para valorar todos aquellos fragmentos que componen eso que somos?

 

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Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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