Vamos al bar

Foto: Clem Onojeghuo (Unsplash)

 

 

La noche me sorprende con un mensaje de mi jefe: ¡Vamos al bar! Me comenta que durante su pausa se ha ido al bar a por una cervezas con sus colegas y le han pedido que cuando vuelva lo acompañe al bar, algo así como la noche del After Office. ¿Quién te ha pedido que vaya? No te lo diré.  No es Marcus, lo conozco. No, no fue él. Vale, pues hagamos una apuesta: si adivino quién pidió que me lleves, me invitas una cerveza. ¿Eso es un sí? ¿Les aviso que vas?

A la hora de cierre recojo todo rápidamente, mi jefe me espera, y dos compañeras de la ofi también, para acompañarme al metro. ¿Vamos? -me preguntan las chicas. Sonrío culpablemente, mmm, no. Voy al bar con el jefe. Ya nos miran con miradas cachondas. ¿Quieren venir? Ofrecemos ambos compensatoriamente. Y con su sí acabamos los cuatro en el Irish más cercano a la ofi.

Uno de los colegas de mi jefe se acerca. Es un baidaní de rostro amable, menudo, delgado, de pieles morenas y rasgos árabes. Es divinamente culto, un políglota del departamento contable de UK. Se incorpora a nuestra ya comenzada conversación sobre tetas y Las Vegas. Al cabo de un rato. Un segundo compañero se incorpora. No lo conozco, apenas lo detallo, porque está más de aquel lado que de este. Le doy la bienvenida sobre el tema en cuestión y al cabo de unos minutos desaparece.

Concluidas dos cervezas mi jefe, sentado frente a mí, baja un poco el rostro y alza su mirada hacia mi, y casi en código secreto lanza su pregunta: ¿ya sabes quién es? No tengo idea. Con cierta duda señalo el puesto del marroquí. Sonríe negando con la cabeza. El chico que estuvo aquí me ha pedido que te trajera al bar. Ni idea. Lo único que he pillado es su nombre, ni me fijé cómo era. Bueno, no es el único. ¿Cómo? Mantengo la compostura y pregunto ¿y quién más ha preguntado por mí?

Pues no sé si le conoces. Raúl, el chico italiano que tiene una banda. Ya. Sí, el chico del cactus. Me mira desconcertado. jaja, es mutuo, sí, sé quien es.  No sabía que le conocías. Siii, tengo historias suyas en el blog. Jaja ¿También? Claro. Lo conozco de cuando estábamos en la cuarta. Su escritorio lindaba con mi taquilla. Se sentaba detrás de nosotros. Ahhh, claro, pues él. Siempre pregunta por ti. Tengo que meterme en tu blog, veré si adivino cuáles son sus historias.

 
—–

Por chicos como este es que escribo

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *