El Chino

Foto: Wuchang Xian (Unsplash)

 

Cualquiera que siga mi blog habrá leído el título “El Chino” y pensado: apareció el inglés aquel que se marchó a tierras asiáticas. No, esta es la historia de un chino posta, de verdad, verdad. Y por razones como estas es que existe este espacio.

Me tocó abrir un ticket con una de las apps de mi móvil que no funcionaba muy bien. Con esto de los tickets me llevo genial porque en mi curro todo requiere uno: que si el aire está muy frío, que si el ordenador no enciende, que si tienes una pregunta, que si necesitas una respuesta… todo te vale. ¿Me pregunto si también tendré que abrir uno para decirles que estoy podrida de venir aquí a abrir tickets por todo? Total, que con esta otra compañía abrí uno para que me explicaran por qué la aplicación móvil no filtraban de acuerdo a los criterios que yo había pautado.

Hola, me llamo Alex, respondió por Whatsapp con las instrucciones de las acciones a tomar para solucionarlo. Fin de los mensajes.

Al día siguiente recibo otro mensaje del mismo número: ¿podría hacerle una breve encuesta? -Si, por supuesto. -¿Tiene un tiempo ahora o mejor más tarde? -Más tarde. Al cabo de unas horas recibo un nuevo mensaje: ¿Es buen momento para la encuesta? -Honestamente estoy entrando a trabajar hasta tarde. ¿Podría ser otro día? – Sí, mañana, no hay problema. Y de repente, unos minutos más tarde me llega: -¿Podría dejarme su número de teléfono para escribirle el fin de semana? -JAJAJAJA (me río en digital y en persona) -¿Tú quién eres, mi admirador secreto? -Podría ser.

La conversa continúa al día siguiente con la excusa de la encuesta, que es más personal que otra cosa. Comienzo a indagar sobre el asunto. Era un chico chino, con perfecto nivel de español, que desde el otro lado del mundo me consideró guapa en mi foto de Whatsapp. Era del norte de China, había aprendido español en la Universidad de Pekín y pretendía perfeccionarlo en el Instituto Cervantes. Le resultaba guapa y decidió coquetearme. Aquello duró muy poco pues se enteró que tenía 33 años y no 23 como él me calculaba.

¡Oops! Creo que así como me gané sus ilusiones, las traicioné con mi edad. #SorryNotSorry

 

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El inglés que se fue a China volvió

¿Te apetece leer otra historia de admiradores? Pues, la del admirador francés

 

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