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El idiota

El idiota Posted on 19 septiembre, 2017Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Brooke Cagle (Unsplash)

Hacía poco había optado por salir con él, a quien luego bauticé ‘el idiota‘, a pesar de que distaba de toda clase de asociaciones, pero que a puño y letra acabó ganándose su sobrenombre. Hacía cerca de tres años que nos habíamos conocido. Pero la primera vez que coincidimos, a pesar de la buena química que sentí que tuvimos, desapareció.

Bueno, en realidad lo veía esporádicamente en eventos sociales en los que coincidíamos gracias a amigos en común, pero había poca interacción entre nosotros. No era un hombre fácil de leer, así que como no sabía bien qué quería o esperaba de mi, mantenía al margen nuestras interacciones.

Entre mi amiga y yo secretamente habíamos desarrollado ciertas hipótesis sobre él pues nos resultaba extraño que un tío tan inteligente e interesante se dejara llevar por superficialidades o procurara distraer atenciones durante conversaciones hacia otros temas menos interesantes o relevantes. No lográbamos comprender por qué llenaba vacíos (en los espacios de silencios entre conversaciones, tan necesarios como la conversación en sí) con comentarios banales, ridículos o fuera de lugar.

¿Será inseguro? ¿Quizás esa sensación de inseguridad que tiene lo obligan a llenar vacíos innecesariamente? También puede ser que le incomoden los silencios, o que quiera llamar la atención. -Sí, aunque siendo tan brillante es raro que sus intervenciones sean tales. Puede que no se conozca del todo, o que no haya logrado aceptarse como es. Aquellas conjeturas no nos llevaban a ninguna parte, pero me hacían consciente de la situación.

Salí con el hombre, a solas. A comer, a tomar algo, a dar una vuelta por el barrio. Difícil explicar lo bien que me hizo sentir poder sentarme a conversar abiertamente sobre cualquier tema. Desde banalidades como la estética del local o el clima de hoy hasta temas profundos como el origen del universo.

Era un delicia salir con un hombre culto, con criterio y ganas de hablar sobre cosas menos superficiales que las que conversaba con los demás hombres con los que últimamente salía. Además me hacía reir y me hacía sentir cómoda conmigo misma. Pues amigos lectores, aquello duró menos de lo que dura una barra de pan, al cabo de una semana -unas dos o tres salidas- el hombre casi se dio a la fuga. No porque realmente lo hiciera sino porque repentinamente dejó de escribirme, insistir en verme, y todo aquello. Y cuando me atreví a preguntar el motivo de su desaparición aseguró haber tenido un mal humor tal (durante 4 días) que prefirió no molestar.

El fin de semana siguiente coincidimosgracias a nuestros amigos en común. Fuimos de copas a Ponzano, hubo ciertos acercamientos pero nada que resaltar. Al llegar a casa le envié un mensaje devolviéndole su frase: eres sexy cuando no quieres serlo  El halago desató un géiser de confesiones de su parte: “Yo lo siento, pero yo no puedo mantener la profundidad que tú necesitas. Te tomas las cosas muy enserio y no quiero hacerte daño” -no tienes que excusarte- “Solo digo lo que siento. Pero no soporto que no te rías de mis chistes malos.” No considero que tenga que reirme de aquello que no me cause gracia, quizás mi sentido del humor sea diferente. “Quiero que entiendas, que yo siempre seré un idiota, te rías o no de mis chistes”. Vale, si eso quieres, el universo se encargará de concedértelo.

Sea cual sea la razón por la cual no quiso volverme a ver, habría preferido que en lugar de mal humor hubiera tenido un par de huevos para venir a decírmelo. Pero bueno, eso explica todo: su desaparición repentina cuando recién nos conocimos, sus intervenciones boludas en medio de conversas interesantes y su reacción a mi mensaje después de aquella salida entre amigos que le otorgó el nombre de el idiota.

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Esta es la historia de cuando nos conocimos: Ten miedo, mucho miedo

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Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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