AMOR, Aventuras y Flirteo

Amor de verano

Amor de verano 6 marzo, 20184 Comments

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Este invierno, como todos los años, fui a pasar las fiestas con la familia a Buenos Aires. En aquellas latitudes es verano, así que piscina, sol y mucho calor. Prometía ser un viaje difícil por lo que comenté en Lecturas: amor, valor y sonrisas. En medio de aquel tumulto emocional apareció en mi correo, una invitación de un amigo a un programa cultural llamado Amor de verano. Me resultó interesante, pero aún a un mes de su comienzo, lo cerré y me olvidé de él

El fin de semana siguiente a mi arribo, quedé en salir con mi primo. Aquella noche lo conocí a él: mi amor de verano, una noche cualquiera, presto a conquistarme. Nos presentaron, conversamos, conectamos, bailamos, pero no intercambiamos número cuando nos conocimos, sino que inconscientemente hicimos responsable al universo de reencontrarnos.

Y así fue cuando en medio de un día de trabajo, mientras me ocupaba del contenido de las redes sociales ingresé a Facebook (donde nunca estoy), y ahí me esperaba un mensaje suyo. ¡Cuánto tardaste che, en contestarme! ¿Si, mucho? ¡Y si! 12 días. Te escribí al día siguiente que nos conocimos. Bueno, no soy asidua del Facebook, y nunca me pediste mi número, dije haciéndome la desinteresada. ¿Pero no viste que me moría por vos en la fiesta? Yo siendo chica hubiese ido directo al Face a ver si me habían escrito. Primera lección: yo no soy como el resto de las chicas. Le dejé mi Whatsapp y de ahí en más no dejamos de conversar.

Cuando coordinábamos para vernos por segunda vez, primera cita me dijo: ¿Tendremos tiempo? De conocernos mejor… verbalmente digo. Porque esa boquita te la voy a comer a besos, no sé si vas a poder hablar. Sus salidas eran tan extraordinarias como él en persona. Me agradaban sus formas, su candidez y su honestidad. Nuestra primera cita fue un éxito inesperado que también nos invitó a querer repetir.

Los días pasaban y yo pensaba en él a diario, pero procuraba limitar nuestras comunicaciones y encuentros por temor a involucrarme. ¡Qué cobarde soy, madre mía! Tenía ganas de verlo, pero interponía el trabajo, los compromisos y las excusas a nuestros encuentros; pero cuando me abría los días eran interminables, perfectos, jugosos y enriquecedores. Había una magia embriagadora entre nosotros que deseaba no acabara nunca.

Conocernos nos cayó por sorpresa. Enamorarnos aún más. La confianza y sentirnos a gusto con el otro nos invitó a compartir días enteros y cosas para las que -creo- ninguno de los dos estaba preparado: un desodorante, una cama abrazados, cenas juntos, un cepillo de dientes, un piso ajeno, orgasmos, complicidades… pero, sobre todo: enamorarnos.

Obviando la fecha de caducidad de aquel amor, seguimos nuestras citas, aumentamos nuestros encuentros y nos abrimos a conocernos, a compenetrarnos, a compartirnos. De a poco nuestro amor se fue consolidando sin que nos diéramos cuenta y una noche, en uno de nuestros paseos por la ciudad, llegamos al Centro Cultural Recoleta sólo para descubrir que estaba en curso el programa cultural que mi amigo había mencionado: Amor de verano. Era como si el universo nos hablara y aprobara nuestro amor efímero.

Aquel verano fue mejor que cualquier otro. Nunca tuve tantas ganas de vivir, enamorarme y disfrutar como aquella vez. Sólo me quedó una lección que quiero compartirles: el tiempo hay que disfrutarlo al máximo, la vida es corta y cambia de un segundo a otro, así que el próximo verano: déjense enamorar y ¡que vivan los amores de verano!

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

4 comments

  1. Hola, me pareció una hermosa historia y una escritura poderosa, auténtica y original. Y un gran consejo final. Enhorabuena. Leeré todo lo que vayas subiendo.

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