ADMIRADORES, Bares y Fiestas

Latino lover

Latino lover 27 marzo, 20181 Comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Era oriundo de algún pueblo de descendientes de franco-suizos, en el norte argentino. Era de cabellera prominente lacia y rubia, pieles níveas y ojos pardos. Nos conocimos a altas horas de la noche en un airbnb bonaerense. Conversábamos sobre nuestros orígenes y los estereotipos que tienen nuestras sociedades con respecto a razas, culturas y rasgos físicos. Y cómo ser latinos nos marcaba de algún modo: lo despelotados que somos, cariñosos y familieros. Quizás sean estos rasgos lo que más nos caracterice.

Tú mucha pinta de latino, si nos guiamos por los estándares yanquis de las pelis, no tienes. Yo soy latino posta. Me reí. Mmm, no. Sí, soy latino. Re latino. Yo evitaba que mi eufórica risa saliera a flote. No lo niego, pero esos cabellos rubios y pieles blancas no son características de latinos. Pero soy latino. Sí, eres latino porque naciste en Argentina; pero por tus rasgos no te asociarían inmediatamente como latino, considerando los estereotipos, pero obviamente hay de todo en este mundo. ¿Cómo que no? Yo soy muy pero muy latino. Nene, eres blanco leche y rubio como el sol, más o menos ¿dónde está lo latino? En este cuerpito, me dice haciendo un seductor paso de baile.

Como se imaginarán, la conversación se explayó más de lo debido. No sé si mis argumentos habían fracasado o si mi interlocutor sólo pretendía llevarme la contraria con fines de establecer un vínculo conmigo. Bastante infantil de su parte si así fuera, pero no me extrañaría considerando la extensión de nuestra estéril discusión.

Y así transcurrió la noche hasta que sobre las cuatro de la madrugada propusieron irnos a bailar. Yo moría de cansancio, pero la curiosidad por develar los encantos ¿escondidos? de aquel latino lover me superaban. Así que acabé dejándome convencer por el plan y acabamos en una fiesta House en Palermo.

El hombre me llevaba de la mano por la discoteca, me abrazaba, me intentaba besar, me invitaba tragos, me paseaba de la barra a la pista de baile. Me sentía como una muñeca -bien atendida, no voy a mentir- pero todo era bastante abrumador. Lo único que daba cuenta de que realmente fuera latino y no el guiri que llevaba por cara, era su actitud: abierto, hablador, halagador y no paraba de pedirme besos. No sé si era así de pesado a diario o producto del alcohol, pero yo los tíos babosos no los soporto. O se enamoró o nació insoportable, pero parece no haber entendido que no quiero besos, que me quiero ir a la cama… sola. No con él, como plantea.

Al cabo de unos cuantos pasos de baile, el seductor latino lover me dijo: venite que seguimos la fiesta en otro lado. ¿En tu casa? le digo alzando una ceja, en gesto de broma por una anterior invitación de su parte. No, a casa del DJ, es amigo mío. No gracias, yo quiero un taxi que me deje en casa e irme a dormir. Daaale muñeca, estás hermosa, quiero compartir esta noche contigo. Otro día, lo siento, pero no gracias. Noooo, dale, no me arruines la noche. Lo siento, pero de verdad estoy cansada, necesito dormir y me pongo de muy mal humor. Yo te voy a poner del mejor humor en casa, me dijo muy cerca de mi rostro y con sonrisa tentadora. Me reí a todo pulmón, y él me acompañó. No sabía si ceder ante su creatividad o si debía escuchar las demandas de mi cuerpo.

En medio de la calle, a la espera de mi taxi, el latino lover me tomó de la cintura y me presionó contra su cuerpo como si una banda sonora de nuestras vidas acompañara ese momento. Con un muy vago entendimiento de lo que ocurría, una mente exánime y un cuerpo fatigado lo abracé dándole palmaditas en la espalda. Abruptamente se apartó de mí, tomó mi rostro entre sus manos y me plantó un beso en la boca.

Con aquel gesto no me quedó dudas de que era latino. Un latino lover.

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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