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Nada es color de rosa

Nada es color de rosa 17 abril, 20184 Comments

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Nada es color de rosa, vaya cliché… acertado. Su llegada a mi vida me hizo darme cuenta de cuán cerrada podía estar al amor. Él se había entregado por completo desde un principio, todas sus fichas de mi lado de la mesa. Y mis inseguridades y yo no dábamos crédito, pero el crupier tendría el día libre, pues no tuve escapatoria. Mis oídos y mis miradas no daban fe de que lo que vivíamos fuera cierto. Recién nos conocemos, casi no nos conocemos. ¿Por qué habrías de apostar por esto? ¿Por qué por mi?

Mis miedos ebullían en medio de aquel caldo de emociones sin pedir permiso: enamorarme, equivocarme, abrirme a nuevas experiencias, hacerme vulnerable, involucrarme. Mi primera alternativa es obviarlo. No asumir a lo que me estoy enfrentando, fingir déficit de atención, sordera, o activar cualquier otro mecanismo de defensa que me permita salir ilesa de esta situación. Mi segunda opción es volcar las culpas en el otro y huir. Sí, esta opción me gusta, es mi autopista, mi camino fácil, mi zona de confort.

Y llegado el momento de la crisis: peleas, discusiones profundas o cualquier situación que asome la posibilidade de perder al otro, me transformo -cual Jekyll and Hyde- y comienzo a decir cosas espantosas. Salen todos mis fantasmas de adentro mío, me salgo de mí, o mi otro yo cobra vida. No sé bien qué, pero hago cosas con las que no me identifico.

He descubierto que me saboteo a mí misma en cuanto veo una mínima posibilidad de algo que me pueda llevar a algún lugar grandioso. Necesito dejar de hacer esto y la única forma es alimentando a mi yo interior: haciendo ejercicio, comiendo sano, meditando, estando en contacto con la naturaleza, leyendo, admirando arte y amándome profundamente. Tengo que dejar de acompañar a los demás en sus miserias, distraerme con la tele o las redes sociales, obviar las tentaciones mundanas, resolver mis asuntos, enfrentar a mis fantasmas y hacer las paces y dejar de huir de ellos.

Toda experiencia es enriquecedora, aunque no nos demos cuenta de ello en el momento. Pero el amor es así, sin importar la temporada, viene como un vendaval y arrasa con todo: con tus miedos, tus prejuicios, tus normas, tus estándares, con todo. Y así fue como accedí -o la vida me obligó- a enfrentarme a aquel amor.

Hoy, habiendo identificado el problema, y sabiendo que nada es color de rosa entiendo que tengo que cerrar capítulos y abrirme a los nuevos, a los brillantes, a los fructíferos. Dejar que la luz de mi interior brille. Y brille tan fuerte que salga de mi y contagie a otros y los llene de luz, de paz, de amor.

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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