ADMIRADORES, Bares y Fiestas

Vomitar en el balcón

Vomitar en el balcón 3 julio, 20181 Comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Nos conocimos bajo la luna, en un balcón, una noche estival bien inusual. Diría que una noche para olvidar, pero… nos conocimos.

Yo llevaba mi camiseta favorita, esa que mis amigas siempre se afanaron en criticar pero a la que yo le tenía gran cariño, ¿por qué habría de deshacerme de ella? Mika no la uses para la fiesta, usarla de pijama y ya está, pero no para salir. ¿Qué más da? Sin hacer caso a sus objeciones me enfundé. No soy mujer de maquillajes y hacía poco había salido de una relación importante… así que opté por salir así sin mayores arreglos, y con la camiseta que siempre dió de qué hablar. Total, no despertaría pasiones con aquel trapo.

Aquello de fiesta tenía poco. La música estaba guay, el ambiente no tanto. Pero bueno, haciendo caso omiso de ello me aventuré a olvidarme de mi pasado, de mis penas, mi corazón herido y mi puto ex. ¡Y a disfrutar a más no poder de aquella noche! Puedo asegurarles que no hubo músculo en mi cuerpo que no optara por moverse al son de la música aquella noche. Dejé poseerme por las melodías, que el cuerpo se me empapara de alcohol y que mi vida cambiara de ritmo, al menos por un instante.

El instante fue bastante más largo de lo que imaginé y en un abrir y cerrar de ojos, quizás queriendo escapar de la multitud, me refugié sin saber cómo ni cuándo en el balcón. Frente a mí, una gran calle con pocos coches y cubierta de árboles yacía bajo mis pies. Arquée mi cuerpo hacia adelante como queriendo detallar las escenas callejeras y entrecerrando mis ojos, mi cuerpo se deshizo de todo el alcohol, las penas que me aquejaban y la empanada que había comido antes de salir. Sentí que un enorme vacío de felicidad inundaba mi cuerpo.

A mis espaldas escuché las puertas abrirse. Un chico que salía a fumar se acorraló en la esquina opuesta del balcón y sin mediar palabra alguna se marchó. El tiempo era inexistente bajo la luz de aquella luna y alzada yo sobre aquella ciudad que parecía dormirse y despertarse entre luces cada tanto, apareció él. Con sus ojos claros, su mirada penetrante y su etéreo estar. -Hola, me dijo. Lo miré con cierta simpatía. Intercambiamos una charla cuyos temas bien no recuerdo y sin darme cuenta, lo tenía frente a mí comiéndome los restos de empanada de la boca.

Después de aquellos besos vinieron más encuentros. Con el paso del tiempo nos hicimos novios. La única mentira que aún cargo sobre mis espaldas es la de haber vomitado en el balcón rato antes de que él llegara.

Pienso que quizás las letras de Bersuit Vergarabat quizás no sean tan erradas: “Tomo para no enamorarme, me enamoro, para no tomar”

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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