SEXO, Placer y Erotismo

Camioneros cachondos

Camioneros cachondos 14 agosto, 20182 Comments

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

El encuentro con los camioneros cachondos fue en un viaje largo de regreso a Madrid. Un estratégica parada cerca de Burgos para cargar gasolina y estirar las patas.

Una vez cumplidos los deberes, nos orillamos al costado de la ruta para descansar del sol abrasador que nos perseguía durante todo el camino. No sólo era agotador, sino que también acrecentaba nuestras ganas de llegar. Mi chico se orilló para aparcar en la sombra en lo que parecía una antigua carretera al borde de la autovía y se bajó del auto para fumarse un cigarro. Aproveché la oportunidad para abrir mi puerta, dejar entrar la sombra, sacar mis piernas a la calle y respirar aire fresco. En minutos, frente a mí: mi chico. Frente a mí, su cuerpo. Su brazo descansando sobre la puerta abierta, cigarro en mano; la otra sosteniendo su cintura. Alejé la vista hacia el horizonte, el asfalto emanaba vapor, los árboles permanecían inmóviles, el aire parecía estar de vacaciones, el sol en cambio, un workaholic.

Interrumpí mi mirada hacia el horizonte para verlo a él y sólo darme cuenta que ahora tenía la pija al aire y mirada cachonda. Alcé una ceja y no sé si de calentura o aburrimiento, pero sin pensarlo me acerqué a besarla, lamerla y chuparla. La tomé entre mis manos y la chupetée fervientemente como si no hubiera mañana, como si aquel sexo oral fuera a acabar con lo largo de aquel viaje. La estación de gasolina estaba a unos escasos 5 km. Mientras yo me concentraba en aquellos menesteres, él se ocupaba de mirar hacia atrás para asegurarse de que no viniera nadie.

Desprevenidos, en medio del idilio sexual que ambos disfrutábamos bajo la sombra de los álamos, pasó repentinamente un camión. Los camioneros cachondos nos tocaron bocina a la par que el copiloto se asomaba para felicitar a mi chico, aunque honestamente, a mi parecer, era yo quien se merecía un reconocimiento por aquella magistral chupada de polla.

Es cosa de locos el verano junto a ti mi amor, como dicen los Iracundos.

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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