DESTINO y Señales del universo

Clemencia

Clemencia 13 agosto, 2019Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Aquel viaje le había roto el corazón. Pero aquel dolor era incomparable al de haberla perdido a ella. A esos ojitos marrones que lo miraban desde abajo como quien pide clemencia. La misma que él silenciosamente clamaba mientras el agente revisaba su pasaporte con cautela. Esa chica por la que el corazón y todo el cuerpo gritaba quédate habiendo apenas compartido tres días con ella.

Haciendo caso omiso a todas aquellas señales pasó por migraciones. Una vez aclaradas las inesperadas restricciones de su estancia y un bus más tarde llegó a aquella piltrafa de estancia que más que recibirlo resultaba como un segundo rechazo. El primero: descubrir que solo tenía un mes de gloria en aquella tierra.

El sistema, el universo o el destino ¿o quizás los tres? Se habían dado a la tarea de hacerle entender a aquel rubio que la vida no tiene fallos o equivocaciones. Los humanos sí. Si las oportunidades no se dan cómoda y fácilmente estás forzando el camino.

Como lo hizo él en aquel viaje al país más poblado del mundo, pues a pesar de todas las advertencias él sentía que allí era útil, necesario; imprescindible. Imprescindible no era. Imprescindible era para él llegar a esas tierras para darse cuenta de que desde que su “bienvenida a migraciones” hasta el barco que un mes más tarde lo llevó a cruzar la frontera para poder volver a China no era más que una máquina vomitiva que lo expulsaba a tierra para que comprendiese que su lugar no estaba en Asia. El recuerdo de aquellos sonrientes ojos achinados le hizo caer en cuenta… de volver a Madrid.

¿Se habrían puesto de acuerdo los empleados de los aeropuertos asiáticos para hacerle darse cuenta de que su llegada no era más que una huida? ¿Una equivocación? Junto a una serie de dudas, el estómago se le dio vuelta, el corazón le palpitaba ferozmente, su cuerpo sudaba frío. Sus rulos dorados le hacían el recuerdo de que aquello que no resolvemos se repite una y otra vez; como si nuestra noble vida se empecinara a darnos una segunda, tercera, quinta… una infinidad de oportunidades, para resolver lo que nos limita.

El corazón al romperse solo tiene oportunidad para crecer. Del mismo modo que lo hacen los músculos tras mucho ejercicio. Se rompen, generan molestia y dolor. El cuerpo pide clemencia. Las agujetas apenas te permiten levantarte. Así pasa con el corazón, al romperse genera dolor, pero crece. Y en esa ruptura hay un hueco que solo puede llenarse con más amor.

Dolor, sanación y expansión.

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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