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Grita. Te quiero escuchar

Grita. Te quiero escuchar 8 October, 2014Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Grita. Te quiero escuchar

Grita. Te quiero escuchar

Era de madrugada y me había negado a que entrara al portal, igual que me negué a su primer beso.

Entró, tomó mi mano acobijando mis dedos entre los suyos y me condujo a lo largo del pasillo hacia las escaleras detrás del ascensor, como si se tratara de su portal y no del mío.

A unos seis o siete escalones del suelo, perfectamente situados tras el elevador, se sentó y con una rápida maniobra me situó a su lado. Tomó mi rostro entre sus manos y me besó con sed. Delicada y lentamente hasta que poco a poco los besos se fueron enfureciendo y sus dedos se dedicaron a recorrer mi cuello y a delizarse hacia mi pecho. Sus manos se movían al compás de sus besos. Un ruido de llaves me alarmó, cesando los besos y apartándolo de mi. Impasible se arrinconó, alzándose como si nada estuviera pasando y me dio su mano para levantarme mientras escalaba hasta el piso siguiente. A la par que la mujer entraba al ascensor y éste ponía en marcha su maquinaria, nuestros pies nos guiaban al nivel siguiente. “Aquí ni se te ocurra que vivo yo”, le dije con voz tenue.

Y como si fuera a propósito, sonrió y se detuvo a mitad de la escalera repitiendo la acción del anterior set de escalones. Continuando lo interrumpido comenzó a comerme la boca eufóricamente, como si el desespero se hubiera apoderado de su cuerpo. Me poseía completamente vestida sin darme oportunidad de procesar lo que ocurría, sin posibilidad de negarme o acomodarme. Unos ruidos de pasos y llaves me hicieron  apartarlo nuevamente y con brusquedad… “la señora” susurré.

Ignorando mi comentario continuó besándome, “ya subió” contestó controlando la situación. Me lamía los labios, me mordía la lengua, me subía el sujetador y me besaba ferozmente los pechos. A los pocos segundos el sistema eléctrico se puso de su lado, cediéndonos una velada a oscuras. “Mmm. Mejor así” dijo con voz cachonda mientras sus manos se perdían entre mis pantalones deslizándolos. Yo, debatiéndome entre la humedad de mi entrepierna y la sequedad de mi boca me dejé hacer.

Se desabrochó el pantalón y desnudó su miembro para que lo acariciara con mi boca. Me negué, aún no logro entender cómo logré negarme, pero lo hice. Aceptó mi negación. Me besó apasionadamente y se sumergió en mi entrepierna deleitando a mi cuerpo con su lengua que me acariciaba fervientemente.  Yo cerraba mis ojos dejándome disfrutar mientras me sujetaba con fuerza a la escalera para no deslizarme escalones abajo. “¡Para!” Para, para, para dije jadeando y con voz entrecortada. Él, concentrado en su tarea, continuaba dándome placer mientras yo me estremecía sujetándome al pasamanos. ¡Para! Al borde del éxtasis le pedí en voz baja marginando su cabeza con mi mano, mi corazón palpitante y mi voz intermitente: “Para, que voy a gritar”. Y tomando mis pechos dijo…”Grita. Te quiero escuchar”.

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Fue él quien me proporcionó un doble disfrute aquella noche.

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Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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