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Depresión post-depilatoria

Depresión post-depilatoria Posted on 10 October, 2017Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Foto: Pixabay

Mi depresión post-depilatoria ocurrió cuando se acercaba mi partida de vacaciones a Menorca. Pensando bien el trajín playero que significaría: tumbada en la arena cogiendo más sol que una teja, de piernas abiertas, cerradas, boca arriba, boca abajo, topless y todo aquello… me replanteé lo de los pelos púbicos de los que hablé anteriormente.

Seré honesta ¿cuándo no? Creo que me he depilado completamente dos veces en toda mi vida. Esta sería la tercera. No me simpatizaba mucho la idea pero sí que es cierto que me quitaría la preocupación de las posiciones de mi cuerpo en la playa y de que no vaya a haber algún vello escapista que quiera asomarse por el bañador.

Decidida y con afeitadora en mano, sobre las 2 am decidí ponerme manos a la obra. Puesto que no es algo que frecuento hacer, no cuento con las mejores herramientas: tengo una afeitadora nueva (con la misma estética y funcionalidades de las de los 90) y no tengo crema de afeitar en casa. Nota mental: se pasa bastante mal con el jabón.

En medio de la faena pensé sacarle el mayor provecho a mi decisión. Ya que estaba allí, abierta de piernas en la ducha y frente a un espejito que apunta a mi coño, pensé probar todas las modalidades de afeitado: el bikini, el hitler, el brasileño y paremos de contar, porque aquello se ponía cada vez peor. Con cada razurada me sentía cada vez menos guapa. Como si con aquella acción me estuviera deshaciendo de mis feromonas sexuales, como si en lugar de estar sumando feminidad estuviera destruyéndola a cuchilla limpia.

Más que un pubis limpio, diáfano e impoluto siento que gané una depresión post-depilatoria. Me sentía fatal. Les digo que veía mi cuerpo de niña con los 33 años que tengo y entraba en pánico. Ahora sí es verdad que haré solo topless pues con este look virginal me niego a mostrarme como (no) soy.

Re-descubrirme desnuda y carente de pelos púbicos me hizo darme cuenta de cuánto me gustan. Cómo me hacen sentirme protegida y en casa, cómo mantienen mi propio olor a sexo, ese que tanto me pone. Cómo no me pican al crecer, no se adhieren a mi ropa interior, no se encarnan bajo mi piel, ni me joden la vida.

Hoy solo les puedo contar que cada día me veo al espejo y veo mis vellos crecer y mi mayor ilusión ahora mismo es volver a ver mi coño tupido. Coger unas tijeras y moldearlo a mi gusto.

Y un poco más a largo plazo, sólo espero que todo esto no sea más que una moda ;y no que las razuradoras, el mercadeo o el consumismo nos pudrieron el cerebro.

 

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Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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