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Bragas mojadas

Bragas mojadas 26 December, 2017Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Una tarde entre chicas recibo un mensaje de un número desconocido en mi móvil.  No tiene foto. Pero viene dirigido a mi y con nombre: Hola, es Omar.

¿Qué Omar, el esposo de Mari?

Enseguida recibo una foto de él comiéndome la boca en una discoteca hacía un mes, como para que no quede duda de quién fuera el personaje. Mis bragas, mojadas. ¡Que fuerte! Así con dos cojones: aquí nos tienes, por si me habías olvidado… Olvidado no, pero a pesar de que no olvidaría yo las mil y una noches, no pensaba volverle a ver.

Así que como se imaginarán dije sí… y luego la cagué. No serás tú capaz de… si! Soy así, a veces dudo de mí misma pero estoy aprendiendo a no hacerlo y esa noche tuve una señal.

Un lector cualquiera: ¿Tú me estas diciendo que tuviste la oportunidad de repetir y no lo hiciste?

Yo: Así es.

Lector: ¿Osea que han quedado y no ha pasado nada?

Yo: Exacto

Lector: ¿Y te fuiste a casa?

Yo: Ya. Te cuento… el asunto es que este hombre es la antítesis de mis gustos. En todos y cada uno de mis puntos, excepto en uno. Me invitó a tomar algo, conversamos y al cabo de unos minutos sin rozamientos, miramientos ni más yo tenía las bragas mojadas. Y yo es que no me lo explico. Lo he visto una vez en toda mi vida! Vive del otro lado del charco, profesa una vida que no defiendo, pertenece a una religión con la que no comulgo. Total que pa’ qué más?

Lector: ¿Para qué has ido?

Yo: Para compartir su cama.

Lector: ¿Y cómo es que te fuiste con las bragas mojadas y sin cumplir la misión…?

Yo: Seré honesta, como siempre lo soy. Llegué al bar, el hombre se hizo paso para sentarse a mi lado, conversamos, nos reímos, me preguntó por mi vida, le estampé mi sello de www.quepaseelproximo.com en una servilleta, que con cariño guardó en la solapa interior de su chaqueta. Nos miramos, nos entendimos, nos deseamos, mis bragas se siguieron mojando y hasta que llegó la amiga de la novia de su amigo. Una chica simpática, inteligente y guapa, se sentó a nuestro lado. Cuando los hombres salieron a fumar, ella me pidió que me acercara pues la música en vivo no nos dejaba escucharnos. Accedí y me cambié de silla. Aquel simple evento cambió por completo y por el resto de la noche toda la armonía que había en aquel ambiente. Las conversaciones ya no fluían, hablaban las chicas, ellas que se conocían de antes, y los chicos que se conocían de antes, y yo en aquel rincón sola y olvidada. Buscaba temas de conversación, integrarme, pero nada surtía efecto. Dejé de sentirme a gusto.

En cuanto ofrecieron algo más de beber dije, termino este vino y me voy a casa. Noo, cómo te vas a ir a casa, nos vamos de fiesta. No, yo de verdad no me siento como para salir a bailar esta noche, gracias. Una última copa y te marchas. No, de verdad estoy bien. Dentro de mí, sólo retumbaban las palabras que hacía minutos Omar había pronunciado: “tienes que aprender a irte cuando no estás cómoda”. Miraba a mi alrededor y cada quién velaba por sí mismo y si yo velara por mí misma, me habría ido a casa.

Esperé, por aquello de las ganas y de de tener ganas de repetir con aquel hombre, a ver si los aires armónicos volvían a darse una vuelta por el bar. A ver si el hombre se manifestaba de algún modo, o quizás habría cambiado de opinión. Manifesté mis pocas ganas de ir a bailar o seguir bebiendo y en cuanto vi que los planes continuaban en sentido contrario opté por marcharme con todo y mis bragas mojadas.

Mis noches ciertamente no fueron tan revoltosas como bajo sus sábanas, pero mi corazón estaba a salvo, y a mi ego, aunque le costó unas horas asumirlo, acabó estando de acuerdo que lo mejor era haber escuchado a mi corazón.

 

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Éste es el chico de Las mil y una noches

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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