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Daniel Valentín Ignacio

Daniel Valentín Ignacio 23 January, 2018Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Daniel Valentín Ignacio era un hombre como pocos, por no decir como ninguno. Además de nombre de telenovela, era encantador, inusual e interesante.

Bajo una torrencial tormenta eléctrica estival lo re-conocí. Hacía unos cuantos años, unos ocho o así, que nos habíamos conocido en una fiesta en la era DJ. No nos prestamos mayor atención pues yo salía con un chico en ese entonces, esta segunda vez, me di a la tarea de conocerlo un poco más.

Con mi primo habíamos quedado para picar algo en su casa. Un acogedor rincón en Buenos Aires que a menudo sirve de Airbnb por su ubicación en pleno corazón porteño. Entre quesos, berenjenas y olivas me había comentado que vendría su amigo, Daniel. En medio de la lluvia y de madrugada, cual pollo mojado entró y se presentó: Ignacio. Valentín Ignacio -cual Bond-, un gusto. ¿Perdona? ¿Tú no eras Daniel? Sí, dijo con plena seguridad. ¿Estamos todos locos? ¿Tienes problemas de identidad tu? No, no, para nada. Yo me llamo Ignacio, pero la gente me llama Daniel Ah claro, eso lo explica todo… ¿? ¡Ay! los argentinos, madre mía, cómo son… ¿o somos? ¡Uy!

Yo de verdad es que tengo un imán para los inusuales. Lo admito, soy culpable porque me gustan, me llama la atención la gente original, auténtica, honesta, después de todo gracias a ellos existe este blog. Este hombre no podía faltar. Lo cierto es que este caso sobrepasaba para mí los límites de lo entendible. Es decir, yo trabajé en un colegio de niños y una de las cosas que nos decía la psicóloga era que por favor llamáramos a los niños por su nombre completo y real, de lo contrario su identidad se vería afectada por la falta de coherencia. A Juan José había que llamarlo Juan José, ni Juan, ni José, ni Juancito, ni Joselito, ni mi amor, ni nada que no fuese su nombre en sí. Y tiene toda la lógica del mundo. Una cosa es un diminutivo de cariño en casa y otro es en la calle. ¿Y este caso entonces?

¿Y de dónde salió el nombre Daniel?

¿Daniel? de Daniel el travieso, como la peli ¿conocés? -Sí. -Y… de ahí, porque era tremendo yo de chico (como el de la peli). Y de ahí en más hasta el día de hoy.

¿Pero te gusta? Si, yo que sé, me acostumbré. Igual todo el mundo me llama Ignacio. Bueno, la gente de confianza, o que me conoce de chico me conoce como Daniel, pero mi nombre oficial es Ignacio.

¿Ignacio sin Valentín? Sí, Ignacio, sólo.

¿Y Valentín? Valentín no me gusta. Pero llamame como quieras muñeca.

Jajajaja total, opciones no faltan. Ignacio es lindo, pero me incomódan tus múltiples nombres, me hacen pensar que tienes un trastorno de identidad.

No. Sufro de otras cosas yo, pero de mi identidad estoy muy seguro.

¿Múltiples personalidades quizás? Él baila frente a mi, me invita a tomarlo de la mano, a bailar con él pero me niego. Muchas cosas se esconden detrás de este hombre. Ufff, yo la verdad, con un hombre así, que si Daniel, Valentín e Ignacio, mejor que pase el próximo, porque como me diga: No mi amor, no fue Daniel sino Ignacio, estamos jodidos.

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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