SEX, Pleasure & Erotism

Marabunta sexual-virtual

Marabunta sexual-virtual 20 February, 20182 Comments

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Aquello fue una marabunta sexual-virtual como ninguna otra. Llegó de sopetón una tarde de domingo y se marchó sin más la noche del jueves. Entre medio no hubo más que días enteros de morbo, erotismo, desnudos… carnicería pura y dura.

– ¿Cuál es tu parte favorita de ti? Buena pregunta, hace ya unos años dejé de percibir eso en mi, antes solía fotografiarme desnudo jaja -¿Y por qué dejaste de hacerlo? ¿Significa que te gustabas enteramente? -Porque no tenía con quién compartirlas. Hmm, estaba cómodo conmigo mismo. -No creo que tengas que compartirlas. Puedes disfrutar haciéndolas y viéndolas y listo. -Sí, pero hay cierta idea de compartir, como te pasará a ti con tus textos. Creo que tengo buen vientre, nalgas y piernas. A la gente suelen agradarle mis ojos y mi sonrisa. -Sí, coincido contigo. Como humanos tenemos ese ímpetu por compartir, encontrarnos, descubrirnos en otro. A ver quiero ver una foto tuya. Me puedes mandar tus pies. Y nos vamos conociendo a pedazos.

Eso sería bonito, conocernos por piezas hasta armarnos completos. Recibí una foto suya, de frente, sonriente. Otra de sus pies. -¡Qué guapo eres! Tienes lindos pies. ¡He logrado mi primera parte del puzzle con éxito! -No te estaba evaluando, pero sí que tienes lindos pies.

Le envié fotos de mi cuello, de mis labios, de mis pies y de mis ojos. Y lo que pensé se convertiría en una labor de días, de seducciones insospechadas acabó por desbordarse esa misma noche en un ir y venir de fotografías con caducidad que sólo sumaban erotismo. Recibí su pecho, su vientre definido, sus cuerpo carente de grasas. Nunca hubo sincronía en las imágenes enviadas, los envíos eran lo que a cada quien le hacían sentir cómodo y en breve creamos un ambiente de confianza. Me faltan tus pies, dijo en caso de que me olvidara. -Para mí eran como la barajita repetida y por eso los había omitido. Están cansados y apretados de estar caminando, jugando a los bolos, enfundados. -Nunca me cansaré de verlos y siempre serán bien recibidos. ¿Besos? ¿Caricias? ¿Masajes? Encantado te los atendería. Recibí fotos de su cuello, de su espalda, sus lunares y continuaba recibiendo halagos de las curvas de mis pies al punto de lograr que él estuviera al borde de un fetiche con ellos.

Me da curiosidad cómo los usarás en momentos íntimos, si me los dieras para besar. -Haz lo que quieras con ello, aunque no sé si deberíamos hablar de esto porque me pone. -A mi me encantaría ponerte como una moto y hacerte de todo un poco. Suelo usar mis manos mientras uso mis labios, durante el sexo oral, por ejemplo, y me gustaría masturbarte mientras te los beso. -Aquí te esperan -Mi intención es la de ir, por ende, mi cuerpo reacciona. -El mío también lo hace. -Qué bonita la forma de tus ojos, me gustaría besar el lunar bajo tu ojo. Tienes muy bonitos detalles. Pero lo ideal sería disfrutar en vivo las reacciones de tu cuerpo. Degustar y estimular tus aromas y texturas.

De ahí en más no hubo combinaciones de frases que no tuvieran un sentido erótico, un doble sentido o incluyeran imágenes explícitas. -Yo continuaré con tu pantalón, tomaré acariciando con todas mis palmas tus muslos, apretándolos suave mientras los recorro. Buscaría colar mis dedos en el borde superior de tu pantalón y acariciarte el contorno, incitarte a levantar las nalgas para quitártelo. Tus manos digitales, si desean, van a poder hacer mucho. Retirarlo un poco de tus caderas y tus nalgas, luego, dejándote ahí tumbada boca arriba, repasaría mis manos por tus piernas hacia tus pies. Las elevaría y besaría, tomaría la base de tu pantalón y lo empezaría a jalar suavemente para quitártelo y descubrir tus piernas desnudas y ropa interior atractiva.

Estoy pensando que me conoces. -Estoy pensando en que quisiera aprender todo lo que te gusta y dártelo. Me encantaría, luego de quitarte el pantalón, dejarlo a un lado y aventurarme a ser envuelto por tus piernas. En el acercamiento, buscaría el mismo borde superior de tus bragas. Esta vez para rozarlo igual pero con los labios. Ubicar un punto medio y apoyando la punta de mi lengua con ligera humedad, empezar a subir en línea vertical hacia el ombligo. Mientras lo hago, mis manos acariciarán tus caderas y cintura de arriba a abajo. Buscando el lateral de tu busto y haciendo estremecer tu piel ligeramente.

Creo que esta noche moriré en tus brazos. -Siendo así, cómo no querer ascender la ruta de lamidas hacia tus pezones, quiero encargarme de tu blusa y tu sujetador. -Dejándome consumir entera. -Y prometo que todo lo que brote de ti lo consumiré. Te comeré entera. Todo el cuerpo sin excepción. Y siéntete libre de morir en mis brazos, que yo con ellos y el resto de mi cuerpo revitalizaré tu deseo y sentir contínuamente. -Me encanta que me laman toda y sentir ese frío que queda. -No sólo lamería con la punta y el ancho de mi lengua, sino que luego lo repasaría con un soplido fino y frío haciéndote estremecer la piel, endureciendo tus pezones y haciendo latir tu entrepierna por mi. -Ya lo hace. -Riquísimo. Tu humedad, sabor y aroma deben ser adictivos. -Esto es una inundación.

Para mí también está difícil disimular el bulto en mi pantalón. Y con aquel mensaje llegó la foto que no me dejó dormir aquella noche. Su pene erguido queriendo escapar de los calzoncillos para venir a conocerme. Aquel mazacote de carne ardiente y sedienta descansó en el móvil y en mi mente hasta la mañana siguiente, cuando continuó la marabunta sexual-virtual.

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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