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Fiestas callejeras

Fiestas callejeras 24 April, 2018Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

En unas fiestas callejeras quedamos mi amiga y yo. Al término de nuestra segunda cerveza conseguimos el lugar perfecto en medio de la multitud: corre algo de brisa, hay buena música, de tanto en tanto pasan los pakis con cervezas frías; no se le podía pedir más al mundo en una noche de fiesta. Un chico nos aborda y al cabo de unos minutos las dos formamos parte de su grupo de amigos.

Conversamos todos sobre cualquier chorrada que se nos viene a la mente. Son todos muy majos. Uno de ellos viene con una sonrisa tatuada en su rostro que no se quita con nada pero que crece con el alcohol; no sé si producto de conocernos o porque naturalmente es así. Sí, creo que esa segunda opción es la más viable, no se puede ser tan egocéntrico en la vida como yo ahora mismo.

El otro chico parece estar interesado en mí, pero tiene una actitud defensiva que desde un principio me desagrada. Busca discutir conmigo cual niño, como aquel Latino Lover, o es que ¿acaso los hombres no crecen? Es alto, guapete, de ojos claros aunque sus pupilas dilatadas no permitan apreciarlo.

En medio del maremoto conversacional del que somos parte surge la pregunta ¿a qué te dedicas? Escribo. Tengo un blog. ¿Ah si? Mira qué bien, qué interesante… ¿y de qué escribes? Sobre amor, desamor, sexo y relaciones. Ah, me gusta, cuéntame más. Aquel hombre, destruido por el alcohol y las drogas, usando a su amigo de muleta, continuaba buscándome conversación.

Sígueme contando, ¿sobre qué cosas escribes? Pues experiencias, fantasías -propias y de otros-, reflexiones. ¿Pero experiencias de qué tipo? Relaciones amorosas, sexuales, enamoramientos, desencantamientos… Es decir que tú conoces a un tío y tienes algo con él y ¿lo publicas? Pongamos el caso hipotético que tú y yo salimos… nos acostamos… ¿eso tú lo publicas en tu blog? ¿Para que el mundo entero lo vea? Poco convencido de mi respuesta, cual culebra retractó su cuello y su espalda. A ver -expliqué- es todo anónimo, hay referencias claras de la escena que sólo los participantes conocen, no revelo datos íntimos sobre nadie, no hay nombres, ni nada de eso. Y los personajes presentes, al menos con los que tengo contacto, son conscientes de ser parte de este espacio.

Eso no está bien -me decía horrorizado- ¡Eso no está bien! Me causaba gracia, quizás por ser el primer hombre preocupado por ser publicado (si así fuera) anónimamente en un blog; cuando hasta ahora, a cuanto hombre he comentado de este espacio, no hace más que desear formar parte de él; sí, sé que probablemente desde el punto de vista cachondo. Pero realmente no hay un criterio para aparecer o no. Si viví alguna experiencia graciosa, miserable, maravillosa o simplemente algo particular que quiera contar al respecto… estará aquí.

Osea que ¿tú me das a leer tu página y yo mañana me siento a leer u aparezco ahí? -preguntaba apuntándome con su dedo como la culpable de aquella decisión.

Con aquellas preguntas tontas y esa actitud sin duda iba a aparecer en mi blog, pues se presentaba como el material perfecto. Claro que eso mejor que no lo supiera, no fuera a creer que iba a acostarse conmigo.

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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