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Pibe con cojones

Pibe con cojones 1 May, 2018Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

En una noche bonaerense quedé con mi jefe, el guapo. Ahora mi ex jefe. El nuevo también guapo y simpático, quizás estas sean obras del equipo de recursos humanos -si es así, buen trabajo equipo-, pero no viene al caso.

Lo cierto es que quedamos en tomarnos unas cervezas en Recoleta. Zona turística de bares y restaurantes, donde él había localizado un bar de cervezas artesanales que le había llamado la atención. Y como pasa muchas veces en la vida, los planes no siempre se dan como uno los espera, y al llegar, el bar estaba petado, con lista de espera afuera incluso. Acabamos parando en un bar un poco más adelante, bastante más pequeño pero que también ofrecía cervezas artesanales, donde conocí a aquel pibe con cojones.

Sobre mesas con banquitos altos nos largamos a charlar hasta que un chico joven se acercó a preguntarnos qué queríamos. Pedimos una birra diferente cada uno, con ánimos de probar varias y concluir cuál era nuestra favorita y así transcurrió la noche entre cuentos, novedades y cotilleos cuya única interrupción sufrida fue la descarga de mi móvil.

En cuanto me di cuenta que estaría en una ciudad ajena sin comunicación me acerqué a la barra y le pedí al chico si por favor podría poner a cargar mi celu un ratito mientras tomábamos algunas más. Un par de horas más tarde, interrumpiendo nuestras risas y saludes aparece el joven rubio que me atendió en la barra. Se acerca a nuestra mesa. Mi jefe y yo nos miramos a los ojos sin comprender a qué se debe el acercamiento de este chico si nuestras pintas aún están llenas. Al llegar al borde de nuestra mesa se detuvo y se plantó al lado de mi jefe y mirándome a los ojos me dijo: esta noche tengo una fiesta, si no tienes ningún plan, ¿vendrías conmigo?

Yo no podía creer de lo que mis oídos eran víctimas. Con mi jefe intercambiábamos miradas incrédulas sobre lo que acontecía. Yo miraba al chico procurando mantener controlada mi cara de sorpresa. Muchas gracias -asomé mientras pensaba: ¡él ni siquiera sabe que el hombre frente a mi es mi jefe y no mi pareja!-, tengo planes. Sonreí. Bueno, si se caen tus planes, te arrepientes o tienes ganas de verme, a mi me encantaría volverte a ver. Tienes mi contacto. Lo miré extrañada. Sin que hiciera falta agregar nada más dijo: lo cargué en tu celular: Felipe me llamo, me llamás y nos vemos.

Mis ojos abrán sido dos huevos fritos, pero también los de mi jefe. Sorprendidos y anonadados nos miramos sin poder dar fe de lo ocurrido. Qué coraje este chico. ¿A ti siempre te pasan estas cosas? -me pregunta mi ex jefe. JA JA JA, ¿estás mal? Noooo. En la vida me ha pasado algo así. ¿Qué locura no? Yo no lo puedo creer. Agarrar tu móvil y dejarte su número, acercarse a la mesa estando yo aquí sin saber quién soy, y decirte que le gustas invitándote a una fiesta esta noche. Este sí que es un pibe con cojones.

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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