SEX, Pleasure & Erotism

Te voy a secuestrar

Te voy a secuestrar 23 October, 2018Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

Desliza sus dedos bajo mi falda y descubre ese líquido viscoso en mi entrepiernas. Abre los ojos de par en par. Dame un sexo de despedida por favor.

-No, esto fue solo para que te despidas de mí. De lo contrario no me voy más de acá. -Te prometo que me levanto pero regálame un último polvo. -¿Último polvo? En mi mente resuenan nuestras conversaciones anteriores y su frase: Yo te voy a secuestrar y no te voy a dejar irte nunca.

Mis bragas se escurren piernas abajo. Me siento a horcajadas sobre su gran polla, erguida y henchida. Secretamente agradezco que no se hubiera despertado antes. Estoy segura que este momento sopesará cualquier retraso o imprevisto en el transporte. Él posa sus manos sobre mis caderas, me muevo en círculos encima suyo, y lo siento profundamente dentro de mí. Levanta mi falda y acaricia mi clítoris con su pulgar.

Mi cuerpo sufre escalofríos, siento una llamarada dentro de mí, me duelen los ovarios, creo que voy a explotar -digo-. Yo también. Su cuerpo dentro del mío es más una bienvenida que una despedida. ¡Por fin un polvo como merezco!

Cerramos los ojos, nos perdemos en ello. Largo mis brazos hacia atrás de mi cuerpo, mis manos sobre sus piernas, mi cabeza cae por su propio peso y mis pechos se alzan hacia el techo. ¡Ay! Cómo te siento. Su cuerpo se mueve de forma pendular, se mueven el mío y la cama también. No es el mejor día para los vecinos. Entre mis gemidos y los movimientos de cama no han tenido descanso.

-Agh, cómo me encanta tenerte debajo de mí. Te voy a reventar… ¿pensabas marcharte sin esta despedida? -Nunca pensé en despedidas. -Pero te levantaste y te vestiste sin avisarme. -Pero imagino que nos volveremos a ver. Mis caderas se mueven en círculos sobre su pija. Nuestras miradas se pierden entre sí. Entre gemidos nos perdemos. Me desplomo sobre su cuerpo después del clímax.

Me abraza con fuerza. Me besa. Mis piernas acuclilladas a cada lado de las suyas. Permanecemos calzados uno dentro del otro por un incalculable período de tiempo. Lo beso. Reúno fuerzas y me levanto. -¿A ti te parece, irte con lo bien que lo pasamos? -Ya, es que no tengo otra opción. -¿Vas a volver? -Si me invitas. -¿Cómo que si te invito? -Yo te voy a secuestrar y te vas a quedar aquí conmigo por siempre.

Me despego de su cuerpo, me pongo las bragas. Él sigue tumbado en la cama y cierra los ojos. No te duermas. No, no me duermo. Vamos, por favor. No responde. Hundo mis dedos en mi entrepierna y le mojo los labios. -¿Qué haces, quieres que te folle de nuevo? -No, quiero que cumplas tu promesa y me abras la puerta. Se levantó al tiro. Vámonos ya porque no me responsabilizo de lo que ocurra de aquí en más. Se viste, me besa, me abre la puerta y me acompaña hasta el metro.

Al cabo de unas horas, en el tren de camino a casa recibo un mensaje suyo: ¡Cómo me follaste. Qué atrevida eres. Me gusta! Cuando nos volvamos a ver te voy a secuestrar y no te voy a dejar que te marches nunca más. Con aquel mensaje, a través de la ventanilla y con la vista fija sobre el horizonte en mi cabeza resonaba No baby please don’t go, del tema If you leave me now, de Chicago, acompañándome.

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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