DESAMOR, Fails y Cómicos

Galán italiano

Galán italiano 17 marzo, 2014Leave a comment

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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Mi mejor amiga y yo éramos adolescentes cuando opté por salir con un chico que me gustaba. Él era guapo, simpático, soltero, y unos pocos años mayor que yo. A nuestra primera cita iríamos dos parejas, así que la invité. Tuve que convencerla ¡y cuánto me costó! Si no se trata de fiestas o comidas, ella nunca es fácil de convencer, pero lo logré.

Ese día ella, que en ese entonces vivía cerquita de casa vino a pasar la tarde. Como buenas adolescentes, nos habíamos hecho la película de que su cita -el amigo de la mía- sería un galán italiano, con el que ella siempre había soñado casarse. Y no sé si sea típico de las chicas, pero también anhelábamos que nuestros novios fuesen amigos. ¡Quizás éstos dos sean nuestros príncipes!

A la noche, en la puerta de casa, aparece un Alfa Romeo azul marino despampanante. Ambas nos miramos sorprendidas y sonreímos. No había nada que decir. Sabíamos con certeza que eran los príncipes con los que habíamos fantaseado toda nuestra adolescencia, y con aquel automóvil, seguramente también tendría las raíces latinas por las que ella deliraba. Al salir, me di cuenta que el auto no era de mi chico. No importa. Da igual que tenga auto o no. Hay cosas más importantes en la vida.

Entramos a la nave, que era tan espléndida como desde afuera. Se presentó el piloto. No era italiano, era italianísimo, llevaba por nombre Alessandro. Hasta ahí todo bien, pero fue poco lo que pudimos apreciar de su físico puesto que sus ojos estaban sobre la vía.

Llegamos al bar. Las expectativas de ambas eran cada vez mayores, por todo lo que se había dilatado la resolución del encuentro. Nos bajamos del auto. Mi galán estaba guapísimo, con camisa azul y jeans, peinado, perfumado: espléndido. El de mi amiga, en cambio… no… era… lo guapo que silenciosamente habíamos deseado que fuera. Ciertamente era italiano, tanto así que era más pequeño que ella, le llegaba al hombro. Pero nada galán. Era más bien, todo un ‘ito’. No, no un ‘hito’, sino un ‘ito’: flaquito, bajito, feito y viejito. Parecía el tío de mi chico. Este hombre debe tener unos 35 años. ¡Nosotras tenemos 16! ¡Es un viejo! ¿Por qué trajo a su abuelo, perdón, amigo? Pues, no. No era ni el príncipe italiano que esperábamos que fuera, ni el feo-simpático que te hace olvidarte de su cara con su elocuencia.

Lo que sí es que fue el hombre que me despojó por siempre de mi cómplice de salidas. No porque ella se hubiese enamorado de él sino porque de ahí en más mi mejor amiga jamás me volvió a acompañar a una cita.

 

Feliz y soltera escritora. Mientras al hombre de mi vida le enseñan a usar el GPS y logre finalmente encontrarme, yo me dedico a contar historias para vivir, para aprender, crecer, respirar y entender.

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